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El inesperado regreso de este caramelo de los 90 está disparando las ventas en los hipermercados.

Joven eligiendo aperitivos en el pasillo de una tienda, sostiene una cesta con productos variados.

Los adultos se quedan paralizados frente a un pequeño expositor de cartón, móviles en mano, susurrando: «¿En serio, los han vuelto a traer?». Un padre de cuarenta y tantos echa tres paquetes al carro y se ríe diciendo que «vivía de esto en época de exámenes». La cajera, que apenas tendrá 20 años, pasa los envoltorios fluorescentes por el escáner y pregunta qué tiene de especial ese caramelo. Una mujer delante empieza a explicarlo, medio nostálgica, medio avergonzada, como si acabara de encontrarse con un antiguo amor del instituto.

Los pitidos del código de barras suenan uno tras otro. El expositor ya está medio vacío. Y, en algún punto entre el pasillo de los cereales y las pizzas congeladas, una inofensiva bomba de azúcar de los 90 se ha convertido en una máquina del tiempo emocional.

¿Por qué este caramelo olvidado está de repente en todas partes otra vez?

El regreso que nadie vio venir

Entra ahora mismo en cualquier hipermercado grande y es muy probable que lo veas antes incluso de llegar a la zona de snacks. Un expositor estridente, de colores neón, cerca de la entrada. Envoltorios que parecen sacados directamente de una cinta VHS. Una marca de chuches en la que no has pensado en veinte años mirándote a la cara.

No parece premium ni saludable. Grita sin complejos azúcar, color y diversión. El diseño resulta casi ingenuo comparado con el packaging minimalista de hoy. Y, aun así, los carros se paran. La gente se da la vuelta. Un número sorprendente de compradores coge no uno, sino varios paquetes «para luego».

Ese gesto pequeño e impulsivo se está convirtiendo en algo enorme.

En Francia, Reino Unido y otras partes de Europa, los responsables de compras de hipermercados están compartiendo en voz baja la misma historia: las ventas de este caramelo noventero resucitado se están disparando. Una gran cadena informa de un aumento de tres cifras en el segmento de «dulces retro» desde el relanzamiento del producto, y en algunas tiendas se agota antes de la avalancha del fin de semana.

Los gerentes describen escenas que suenan más a mesa de merchandising de un concierto que a un pasillo de chuches. Adultos haciendo fotos para Instagram. Padres grabando a sus hijos probando el caramelo «con el que crecimos». Algunas tiendas, más avispadas, incluso lo han colocado junto a las cajas de autopago y han visto cómo se disparaban las compras por impulso.

Y el dato más revelador: no lo están comprando solo nostálgicos de veintitantos largos o treintañeros. Los adolescentes también lo compran, atraídos por retos de TikTok y vídeos cortos, caóticos, donde el caramelo se trata como si fuera un objeto de la cultura pop.

Entonces, ¿qué está pasando exactamente? Parte de la respuesta está en nuestro cerebro. La nostalgia activa los mismos circuitos de recompensa que la comida reconfortante, solo que con más fuerza. Cuando una marca conecta con imágenes, colores y sabores de una «época más simple», la recompensa emocional suele ganar a las preocupaciones racionales sobre el azúcar o los aditivos.

Los hipermercados por fin se han dado cuenta de que esto es más que una tendencia; es una herramienta de retail. Al recuperar un caramelo concreto de los 90 con casi la misma receta, el mismo logo y la misma mascota ligeramente ridícula, están vendiendo una historia, no solo dulces. No estás comprando azúcar: estás comprando la versión de ti que aún no tenía correo electrónico.

Ese atajo emocional está convirtiendo un caramelo de la vieja escuela en una discreta mina de oro en las estanterías.

Cómo los hipermercados convirtieron la nostalgia en una máquina de ventas

El relanzamiento no ocurrió por arte de magia. En las oficinas de compras, las hojas de cálculo y los mapas de calor contaban una historia clara: los clientes respondían muy bien a las cápsulas «retro por tiempo limitado», pero se frustraban cuando los productos volvían a desaparecer. Así que una cadena presionó para un regreso de verdad, no una acción puntual.

La estrategia era casi desconcertantemente simple: mantener el sabor original, retocar solo lo que exijan la ley o la normativa, y evitar la tentación de «modernizar» todo. Luego, colocar el caramelo en zonas de alto tráfico: cabeceras de pasillo, cerca de las bebidas, junto a las cartas de coleccionismo y las revistas. No enterrado en el muro de golosinas.

Un responsable de categoría lo resumió sin rodeos: pon los recuerdos donde la gente toma decisiones y los cogerán sin pensarlo demasiado.

Aun así, el verdadero amplificador llegó desde fuera de la tienda: las redes sociales. Los primeros compradores y empleados nostálgicos grabaron vídeos de unboxing, se republicaron anuncios antiguos de televisión, y antes del lanzamiento oficial empezaron a aparecer discretamente hashtags de la marca en TikTok e Instagram Reels.

Un lunes, un creador pequeño subió un vídeo en paralelo: él de niño en los 90 comiendo el caramelo y él hoy probando la versión nueva. Para el viernes, ese vídeo acumulaba cientos de miles de visualizaciones y comentarios del tipo: «Espera, ¿esto ha VUELTO? ¿Dónde lo encuentro?».

Los hipermercados ni siquiera necesitaron grandes presupuestos publicitarios. Solo se aseguraron de que el producto estuviera disponible a nivel nacional cuando los vídeos empezaron a circular. El resultado: la gente entraba preguntando por «el caramelo de los 90 de TikTok», convirtiendo pasillos fríos en puntos de destino.

Bajo la nostalgia brillante, la estrategia es brutalmente pragmática. El caramelo retro es barato de producir, rápido de enviar y fácil de reponer. Los márgenes suelen ser mejores que en los snacks «más saludables», que requieren abastecimiento complejo y una rotación cuidadosa.

También hay una ventaja de timing. En plena crisis del coste de la vida, un capricho tonto por menos de 2 € se siente como una escapada justificable. Puede que te saltes el restaurante, pero te llevas el caramelo que te recuerda excursiones del cole y ferias de verano. Seamos sinceros: nadie hace esto todos los días, pero en el momento en que lo ves, decir que no casi parece amargarte el día.

Los hipermercados han entendido que este microplacer sin fricción puede elevar silenciosamente el ticket medio, aumentar el tráfico y ofrecer algo que la compra online tiene difícil de replicar: el golpe emocional del «madre mía, ¿te acuerdas de esto?» al descubrirlo.

Cómo subirse a la ola: consejos para marcas y compradores

Si eres una marca que mira este regreso impulsado por el azúcar, el manual es tan claro como delicado. El primer movimiento: deja de intentar reinventar lo que a la gente le encantaba. Vuelve a los archivos de la receta original, al packaging antiguo, a los eslóganes que hacían que los niños repitieran anuncios en el patio. Cambia lo imprescindible por seguridad y normativa, pero resiste la tentación de higienizar la experiencia.

Luego, prueba en unas pocas tiendas cuidadosamente elegidas, idealmente con un perfil de familias jóvenes y hábitos fuertes de redes sociales. Usa expositores pequeños y carteles con estética de rotulador que insinúen «vuelve una leyenda». Deja que la curiosidad y el boca a boca hagan el trabajo duro al principio, en vez de gritar con vallas publicitarias desde el día uno.

Sobre todo, deja espacio para que la gente cuente su propia historia con tu producto.

Si estás del lado del comprador en esta fiebre, hay otro método que puedes probar. Elige un día en el que no vayas con prisas. Recorre los pasillos con un amigo o con tus hijos y jugad a «encuentra los 90». Cuando des con ese caramelo de tu infancia, compra solo uno o dos paquetes.

Después, compártelo como un pequeño ritual: tras la cena, en una noche de peli o en un banco del parque. Habla de dónde lo comiste por primera vez, con quién estabas, qué música sonaba entonces. Suena cursi escrito, pero en el sofá, con el mismo sabor exacto en la lengua, se siente sorprendentemente real.

A un nivel más profundo, no estás solo picando algo. Estás actualizando recuerdos antiguos con caras nuevas alrededor del mismo sabor.

Hay riesgos, claro. Las marcas que intentan lanzar diez productos «retro» falsos a la vez suelen perder autenticidad rápido. Los compradores que esperan que sepa exactamente como en 1997 se arriesgan a decepcionarse, sobre todo si la receta tuvo que cambiar. Y a veces los padres se preocupan por volver a normalizar los ultradulces justo cuando habían logrado limitarlos.

Ahí es donde ayuda un poco de perspectiva. Piensa en este regreso del caramelo noventero como una pequeña celebración ocasional, no como un básico de despensa. Vigila las cantidades, compénsalo con hábitos diarios que te sienten bien y no lo conviertas tampoco en un objeto prohibido.

Un director de marketing lo resumió encogiéndose de hombros, con una honestidad extraña:

«No vamos a fingir que esto es quinoa. Es alegría en un envoltorio. Mientras la gente lo trate así, todo bien».

  • Limita el caramelo a momentos concretos: noches de cine, cumpleaños, descansos compartidos en el trabajo.
  • Habla de los recuerdos que despierta, no solo del sabor.
  • Mézclalo con otros snacks para que sea una nota más dentro de una merienda más variada y equilibrada.

Lo que este revival de chuches dice realmente sobre nosotros

Este regreso inesperado de un caramelo de los 90 es más que una anécdota curiosa de retail. Revela lo que muchos echamos de menos en silencio en medio de vidas ajetreadas e hiperconectadas: marcadores simples del tiempo, pequeños anclajes que nos recuerdan que no siempre estábamos haciendo malabares con plazos y notificaciones.

Los hipermercados, a menudo acusados de ser espacios fríos y anónimos, han tropezado con algo extrañamente íntimo. Un producto barato capaz de disparar un torrente de recuerdos más rápido que cualquier algoritmo. Un envoltorio de colores que, por un instante, colapsa la distancia entre el niño que fuiste y el adulto que empuja el carro.

Hay algo ligeramente absurdo en ver a profesionales hechos y derechos discutiendo qué sabor era «el auténtico» delante de un expositor de cartón. Pero esa absurdidad es precisamente por lo que funciona. El riesgo es bajo, el placer es rápido, la conversación arranca sola. Compartes un paquete con tus compañeros y, de repente, la reunión se convierte en una sesión de historias sobre trayectos en autobús, comedores escolares y snacks después del deporte.

No vamos a volver a los 90, y ninguna barrita de chuches puede borrar el presente. Pero el éxito de este capricho retro muestra cuánta hambre hay de momentos que nos reconecten con nosotros mismos. La próxima vez que pases por ese expositor neón y notes que la mano se te va casi sola, sabrás que no es solo azúcar. Es el deseo silencioso de pulsar pausa, aunque sea un segundo, y recordar quién eras cuando un puñado de caramelos podía hacerte toda una tarde.

Punto clave Detalle Interés para el lector
La nostalgia vende El caramelo de los 90 conecta con la memoria emocional, impulsa las compras por impulso y aumenta el tráfico en tienda Ayuda a entender por qué este producto está de repente en todas partes
Colocación inteligente Los hipermercados usan zonas de entrada y cabeceras de pasillo, no solo las estanterías de chuches Explica cómo tu mirada y tu carrito «se dejan arrastrar»
Rituales compartidos La gente usa el caramelo como detonante social para intercambiar historias y reconectar Da ideas para convertir un simple snack en un momento con significado

FAQ:

  • ¿Este caramelo de los 90 es exactamente igual que antes? No siempre. Las marcas suelen mantener el sabor y el aspecto clave, pero adaptan las recetas a la normativa actual y a las expectativas del consumidor de hoy.
  • ¿Por qué los hipermercados lo están empujando tanto ahora? Porque aumenta las ventas por impulso, genera ruido en redes sociales y ofrece un momento barato de “buen rollo” en tiempos económicos ajustados.
  • ¿De verdad a los más jóvenes les interesa un caramelo de los 90? Sí. Muchos lo descubren por TikTok, por hermanos mayores o por sus padres, y lo viven como una experiencia divertida y ligeramente “vintage”.
  • ¿Esto es solo una moda pasajera? Las modas alcanzan picos, pero los productos retro bien gestionados suelen asentarse en un nicho estable y rentable cuando baja el hype inicial.
  • ¿Cómo lo disfruto sin pasarme con el azúcar? Resérvalo para ocasiones concretas, comparte los paquetes en vez de comer a solas y combínalo con otros snacks menos dulces.

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