En la gigantesca pantalla de la NASA, un chorro azul, finísimo como una cuchilla, salía disparado de un agujero negro, renderizado con una resolución imposible. Se alzaron móviles, se redactaron titulares sobre la marcha y la palabra «avance» fue rebotando de un portátil de periodista a otro como un conjuro. A un lado, un empleado susurró sobre el coste del nuevo equipo de rayos X y se calló en el segundo en que una cámara giró hacia él.
Fuera, en el pasillo, vi a un conserje empujar un carrito junto a un póster que presumía de «nuevas perspectivas revolucionarias sobre los chorros de agujeros negros». Ni siquiera lo miró. Quizá solo estaba cansado. O quizá ya sabía lo que muchos estadounidenses empiezan a sospechar.
Este espectáculo brillante de ciencia podría tener menos que ver con el universo… y más con nuestros bolsillos.
Chorros de agujeros negros, titulares virales… y una pregunta silenciosa sobre el dinero
Desde la primera fila, la presentación se parecía más a un lanzamiento tecnológico que a una sesión informativa científica. El portavoz de la NASA paseaba bajo el foco, soltando frases como «nunca visto» y «sensibilidad sin precedentes en rayos X», mientras el chorro del agujero negro palpitaba en la pantalla como un activo de marketing cósmico. Al público le encantó. Aplausos, tuits en directo, vídeos de montaje rápido formateados a la perfección para TikTok y YouTube Shorts.
Entre tanto espectáculo se perdió una pregunta básica: ¿qué están comprando realmente los contribuyentes? Nos dicen que estas nuevas observaciones en rayos X de chorros de agujeros negros «reconfigurarán la astrofísica», pero es una frase que la gente en esta sala ha oído cien veces. Las agencias espaciales aprendieron hace tiempo que el dramatismo vende. Cuanto más espectacular es la animación, más fácil resulta colar una partida de varios miles de millones en un presupuesto federal abarrotado.
Una semana después, el ruido no iba de artículos de física. Iba de clics. El clip brillante de la NASA sobre el chorro del agujero negro acumuló millones de visualizaciones en Instagram y X, con pies de foto redactados como tráilers de cine: «Mira el poder monstruoso de un agujero negro desgarrando el espacio». Las secciones de comentarios se llenaron de emojis de fuego, no de preguntas. Los medios siguieron el tráfico, publicando artículos de copia y pega que repetían las mismas tres palabras: «histórico», «avance», «impresionante».
En medio de esa euforia, un pequeño periódico local de Ohio publicó discretamente otro tipo de historia. Su ciudad acababa de enterarse de que la biblioteca pública, con goteras en el tejado, no recibiría fondos de reforma este año. Uno de los concejales señaló las «prioridades federales» como parte del ahogo. Nadie dijo NASA por su nombre, claro. Pero la coincidencia entre la fanfarria del agujero negro y las malas noticias de la biblioteca sonó a una casualidad fea.
Cuando estás viendo caer agua del techo sobre libros infantiles, la «sensibilidad sin precedentes en rayos X» suena menos romántica.
Si le quitas lo visual, la lógica de esta nueva misión de rayos X se vuelve más endeble. ¿Aprendemos algo sobre cómo los chorros de agujeros negros aceleran partículas a velocidades cercanas a la luz? Sí, probablemente. Unos cuantos decimales más bien clavados. Un mapa más bonito del gas caliente en espiral hacia la nada. Para los astrofísicos, eso es irresistible. Para la gente corriente que paga la factura, es… lejano.
La NASA sostiene que la investigación fundamental aporta beneficios a largo plazo. A veces es verdad. Pero si miras de cerca las sesiones informativas sobre este proyecto de agujeros negros, las recompensas concretas se vuelven difusas muy deprisa. Oirás promesas suaves de «inspirar a la próxima generación», «avanzar la imagen de alta energía» y «tecnologías derivadas», sin plazos claros, casos de uso ni rendición de cuentas. Seamos sinceros: nadie se lee los informes presupuestarios línea por línea todos los años.
Así que los chorros de agujeros negros se convierten en el escudo perfecto. Son demasiado abstractos para rebatirlos, demasiado sobrecogedores para cuestionarlos y demasiado espectaculares a la vista como para resistirse a convertirlos en un truco de relaciones públicas financiado por el contribuyente.
Cómo funciona la máquina del hype… y qué podemos hacer realmente al respecto
Si quieres ver el truco en marcha, fíjate en cómo se construye el mensaje. Primero llega el comunicado de prensa bajo embargo a medios seleccionados, cargado de dramatismo y citas. Luego, las animaciones de alta resolución, las superposiciones de rayos X y los vídeos time-lapse pensados para las redes. Por último, un «explicador» pre-masticado para docentes y niños, presentado como una aventura cósmica. Cuando empieza la rueda de prensa oficial, la historia ya está escrita: éxito increíble, ciencia visionaria, dinero bien gastado.
Hay un gesto sencillo al alcance de cualquiera: seguir el rastro del dinero hacia atrás. Cuando la NASA presenta una deslumbrante imagen en rayos X de un chorro de agujero negro, busca el nombre de la misión en la letra pequeña. Luego investiga su historial presupuestario, sus sobrecostes, el número de retrasos en el calendario. A menudo descubrirás que la imagen bonita que estás mirando es la vuelta de honor tras años de demoras y subidas de precio. El avance es real, pero a menudo funciona como distracción de la factura.
A quienes se atreven a cuestionar este hype se les arrincona. Es fácil etiquetarlos de «anticiencia» o «cortoplacistas», sobre todo en internet. En un programa nocturno de radio con llamadas que escuché, un camionero de Kansas preguntó por qué la NASA gastaba tanto en «fotos de tornados espaciales» mientras su clínica de veteranos recortaba horarios. El presentador se rió, corrigió suavemente la terminología y pasó a otra cosa. La frustración del oyente quedó flotando en el ruido.
A nivel humano, esa sensación resulta familiar. En un mal mes, cuando alquiler, seguro médico y comida suben a la vez, un titular sobre una «revolución en la física de los chorros de agujeros negros» puede sonar como un chiste del que no eres lo bastante rico para disfrutar. Todos sabemos lo que se siente cuando un sistema te dice qué debería importarte, en vez de escuchar lo que de verdad te importa.
Hay una brecha emocional real entre quienes diseñan telescopios de rayos X y quienes intentan llegar a fin de mes. En esa brecha crece la desconfianza.
Un ingeniero veterano con el que hablé, ya jubilado de un importante contratista de la NASA, lo dijo sin rodeos:
«Ahora cada misión necesita un gráfico de “guau”. Si no tienes una imagen lista para póster y una historia que haga sentir bien, tu presupuesto está en riesgo. La ciencia va después de la supervivencia».
Esa es la parte silenciosa que nadie en el escenario de la rueda de prensa quiere decir en voz alta. Las relaciones públicas no son una actividad secundaria; van incorporadas al plano. Las misiones que persiguen chorros de agujeros negros se diseñan para maximizar la viralidad, de modo que legisladores y público se sientan emocionalmente chantajeados para apoyar la siguiente.
Para cualquiera a quien le importen tanto la ciencia como la cordura, conviene tener cerca unas cuantas preguntas:
- ¿Cuánto costó realmente esta misión, en euros/dólares de hoy?
- ¿Qué otros programas se recortaron, retrasaron o cancelaron mientras este crecía?
- ¿Existe un camino claro y realista desde estos datos hacia un beneficio que vaya más allá de las carreras académicas?
Haz esas preguntas en voz alta y el hype empieza a parecer mucho más fino.
Encarar los compromisos incómodos detrás del espectáculo cósmico
Hay una honestidad silenciosa que casi nunca oímos cuando las noticias anuncian avances sobre agujeros negros: los compromisos son reales. El dinero gastado en un nuevo instrumento de rayos X para perseguir chorros de una galaxia a miles de millones de años luz es dinero que no se gasta en cartografiar inundaciones, vigilar incendios forestales o en satélites de observación de la Tierra que predicen los fracasos de cosechas del próximo verano. La ciencia espacial no vive en el vacío, aunque su objeto de estudio sí.
La reacción automática -«¡podemos financiar ambas cosas!»- suena reconfortante. No siempre es verdad. Los presupuestos son finitos, y cada misión «insignia» que se dispara por encima de su estimación original estrangula los proyectos medianos y prácticos que, en silencio, ayudan a agricultores, bomberos y urbanistas. Eso no convierte la investigación sobre agujeros negros en algo malvado. Solo hace que el hype constante a su alrededor suene un poco hueco. Cuando todo se vende como urgente y revolucionario, en realidad nada lo es.
| Punto clave | Detalle | Interés para el lector |
|---|---|---|
| Coste real de las misiones | Las misiones de rayos X sobre chorros de agujeros negros suelen superar los presupuestos iniciales | Comprender adónde va el dinero de tus impuestos |
| Papel del marketing científico | Animaciones espectaculares y lenguaje dramático para asegurar la financiación | Detectar cuándo te están vendiendo una historia más que un resultado concreto |
| Alternativas ignoradas | Proyectos de observación de la Tierra y servicios públicos compiten por las mismas partidas | Medir las decisiones reales detrás de cada «descubrimiento histórico» |
FAQ
- ¿De verdad la NASA está malgastando dinero de los contribuyentes con la investigación de chorros de agujeros negros? «Malgastar» es una palabra fuerte, pero una gran parte de los fondos va a misiones con justificaciones débiles y a largo plazo para la vida cotidiana, mientras proyectos más prácticos quedan relegados.
- ¿Tienen beneficios concretos los avances en rayos X sobre agujeros negros? Pueden impulsar la tecnología de imagen y detectores, pero las supuestas aplicaciones derivadas suelen ser vagas, lentas y se exageran en el discurso público.
- ¿Por qué la NASA exagera estos resultados de forma tan agresiva? Porque la atención viral ayuda a asegurar futuros presupuestos; las imágenes potentes y el lenguaje dramático dificultan que los legisladores digan que no.
- ¿Criticar este hype significa ser anticiencia? No. Puedes apoyar la investigación fundamental y aun así exigir prioridades honestas, compromisos claros y menos gasto teatral.
- ¿Qué pueden hacer realmente los ciudadanos si son escépticos? Seguir los presupuestos de las misiones, contactar con representantes sobre el equilibrio de financiación, apoyar el periodismo de vigilancia y compartir visiones matizadas en lugar de solo republicar el último clip espacial «impresionante».
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