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El truco favorito de los decoradores para hacer que el salón parezca más grande (funciona en cualquier espacio pequeño).

Mujer agachada ajustando un espejo en una sala de estar luminosa con sofá y planta decorativa.

La primera cosa que notas es lo cerca que está el sofá de la tele.

Te sientas, con las rodillas casi rozando la mesa de centro, y tu cerebro archiva la habitación como «minúscula». Dos minutos después, entra una amiga diseñadora, mueve tres cosas, inclina un objeto y, de repente, el espacio se siente… más grande. No físicamente, claro. Pero los hombros se te relajan un poco. La mirada respira. La habitación no ha cambiado de tamaño y, aun así, algo en tu percepción se ha desplazado.

Hablamos mucho de metros cuadrados y no lo suficiente de lo que engaña al ojo. Sobre todo en salones pequeños, estudios, alquileres estrechos donde apenas puedes agitar un cojín. Y hay un gesto decorativo que se repite de París a Brooklyn y a las minúsculas promociones nuevas en las afueras. Un truco silencioso, casi invisible, que funciona en casi cualquier espacio reducido.

El secreto empieza por lo que pones en las paredes y por lo alto que tiras de la mirada.

La ilusión del decorador de la que nadie te habla primero

Entra en un salón pequeño donde los muebles son bajos, los cuadros cuelgan a la altura de los ojos y las cortinas se quedan justo por debajo del marco de la ventana. La mirada choca con un techo a cada momento. Ves los límites. Los notas en el cuerpo. La habitación puede ser bonita, incluso con estilo, y aun así susurra «compacta» en cuanto cruzas la puerta.

Ahora imagina la misma habitación, el mismo sofá, el mismo presupuesto. Esta vez, las cortinas empiezan justo bajo el techo y caen hasta el suelo. Los cuadros se agrupan más arriba de lo que te saldría de forma instintiva. Un espejo alto se apoya contra la pared, duplicando discretamente la altura en tu visión periférica. Nada ha cambiado en el plano, pero tu cerebro archiva el espacio como «más alto, más ligero, más grande».

Los diseñadores lo saben por instinto: si quieres que un salón pequeño parezca grande, no empiezas por el suelo. Empiezas por las líneas verticales. Estiras las paredes hacia arriba con telas, marcos y reflejos para que el ojo siga subiendo en lugar de detenerse en la zona de “barullo”. Esa es la verdadera ilusión de un espacio grande.

Un decorador londinense me habló de un salón delantero victoriano, estrecho, que siempre se sentía encajonado, por más muebles que quitaran. La altura del techo era generosa, pero todo sucedía en la mitad inferior de la habitación: mueble bajo de TV, arte bajo, cortinas cortas. Los invitados entraban y comentaban lo «acogedor» que era -código de «pequeño».

No cambiaron nada estructural. No tiraron tabiques, no hicieron muebles a medida, no hubo un gran presupuesto. Instalaron un riel de cortina sencillo justo bajo el techo y cambiaron las barras gruesas por herrajes finos y discretos. Pusieron cortinas hasta el suelo con una raya vertical tranquila. Un espejo alto y sencillo pasó detrás de la lámpara en vez de al lado de la tele. Recolgaron dos cuadros unos 10–15 cm más arriba. Y ya.

Más tarde, el propietario bromeó con que los amigos no paraban de preguntar si habían «abierto el espacio». No lo habían hecho. Solo habían engañado al ojo para que leyera más altura. Ese es el juego favorito del decorador: estirar la percepción donde la cinta métrica no coopera.

Hay un motivo por el que esto funciona más allá de las fotos bonitas de Instagram. Nuestro cerebro está programado para leer las líneas verticales como altura y escala. Piensa en estar en un bosque: los troncos altos y repetidos hacen que el espacio parezca enorme, aunque estés en un claro pequeño. El mismo principio se reproduce en un salón cuando cortinas, estanterías, espejos y arte trabajan juntos como verticales silenciosas.

Cuando los objetos se agrupan a media altura -tele, cuadros, lámparas, baldas que terminan a mitad de pared- la mirada sigue chocando con un horizonte visual. El techo se vuelve un detalle. Sube elementos clave y extiéndelos hacia arriba, y el cerebro registra de pronto más volumen sobre ti. No has ganado ni un centímetro, pero ya no parece que las paredes se te vengan encima.

Por eso los decoradores hablan obsesivamente de colgar las cortinas «demasiado altas», apilar cuadros y elegir lámparas altas en vez de anchas. No persiguen una moda. Están controlando por dónde viaja tu ojo y, como resultado, lo grande que se siente la habitación.

El único gesto que transforma cualquier salón pequeño

El truco al que recurren una y otra vez es simple: exagera tus verticales. En la práctica, casi siempre empieza con cortinas altas y anchas y continúa con espejos y cuadros más altos de lo esperado. Colocas la barra o el riel de la cortina lo más cerca posible del techo, dejas que la tela caiga hasta el suelo y estiras la pared al instante.

Luego repites el gesto. Un espejo de pie que casi llegue a la parte alta de la pared. Una librería que crezca hacia arriba en vez de hacia fuera. Arte colgado un poco más alto que la «altura museo», sobre todo encima de sofás y consolas. Básicamente estás dibujando puertas de ascensor invisibles por toda la habitación, engañando a tu ojo para que lea «altura» antes de notar «poca anchura».

Esta es la ilusión favorita del decorador porque funciona incluso en espacios difíciles: alquileres, buhardillas, rincones minúsculos de planta abierta. Y el efecto es acumulativo. Una cortina alta ayuda. Añade un espejo alto y una composición de marcos apilados, y tu salón empieza a comportarse como un espacio mucho mayor, aunque el sofá siga rozando la mesa de centro.

Hay algunos errores clásicos que destruyen la ilusión sin hacer ruido. Cortinas cortas que se quedan flotando a 10 cm del suelo. Barras pesadas y oscuras montadas justo encima del marco de la ventana. Cuadros pequeños y colgados bajos sobre un sofá ancho que aplastan visualmente la pared. Estas decisiones “tiran” de la habitación hacia abajo, literalmente. Cortan la pared en secciones estrechas en vez de dejar que se lea como una sola superficie alta.

Mucha gente, además, concentra sus verticales en un único punto. Una librería alta en una esquina, sin nada más alcanzando esa altura en el resto del espacio, puede hacer que lo demás parezca más pequeño por comparación. Repartir esos “momentos” verticales -uno junto a la ventana, otro detrás de una lámpara, otro en la pared opuesta a la entrada- ayuda a que el ojo sienta altura allá donde mire.

Y luego está la vida real. Un martes por la noche, nadie está esponjando cortinas ni enderezando marcos por sexta vez. Seamos honestos: nadie hace eso de verdad cada día. La buena noticia es que, una vez que rieles, espejos y piezas principales están colocados más arriba, la ilusión funciona sola. No necesitas vivir en un escaparate para que el espacio se sienta más grande.

«Cuando dudes, sube», se ríe la estilista de interiores neoyorquina Ava Lewis. «A la gente le aterra colgar cortinas y cuadros “demasiado altos”, pero casi nunca he entrado en un salón pequeño y he pensado: vaya, esa cortina debería estar más baja. El miedo a equivocarse mantiene las habitaciones visualmente bajitas».

Así es como los decoradores construyen la ilusión, paso a paso, sin hacer ruido:

  • Cuelga la barra o el riel de la cortina cerca del techo, no solo justo encima del marco de la ventana.
  • Elige cortinas largas que toquen o rocen ligeramente el suelo.
  • Añade al menos un espejo alto que alcance entre dos tercios y tres cuartos de la altura de la pared.
  • Apila el arte en vertical o cuélgalo un poco más alto de lo que te pide el instinto.
  • Prioriza lámparas y estanterías altas y estilizadas frente a piezas anchas y bajas.

Extender el truco a cada rincón apretado de la casa

Una vez ves lo que hace la exageración vertical en un salón, cuesta no aplicarla en todas partes. Un comedorcito con una lámpara colgante apenas más alta y una lámina enmarcada alta parece una estancia de verdad. Un recibidor estrecho con un espejo alto y un perchero fino se convierte de repente en un pasillo intencional en lugar de un hueco raro.

Incluso los dormitorios que también sirven de despacho se benefician de la misma ilusión. Cortinas largas detrás de la cama, un cabecero alto o una columna de fotos sobre el escritorio hacen que la habitación se sienta menos como un trastero con colchón. Le estás diciendo a tu ojo: mira arriba, aquí hay más espacio del que crees. Y, de un modo extraño, ese mensaje se traslada a cómo te sientes en la habitación: menos encajonado, más al mando.

También hay una corriente emocional. Todos hemos tenido ese momento en el que una habitación pequeña nos hizo sentir un poco atrapados, un poco «provisional». Usar estos trucos verticales no añade mágicamente una ampliación, pero sí ofrece una sutil sensación de generosidad. El aire parece más ligero, las paredes menos opresivas. Puede que incluso te quedes más rato en el sofá, no porque hayan cambiado las medidas, sino porque el espacio por fin acompaña la vida que estás viviendo de verdad, no la de un catálogo brillante.

Punto clave Detalle Interés para el lector
Exagerar las líneas verticales Cortinas, espejos, cuadros y estanterías que suben más por la pared Hace que un salón pequeño parezca más alto y espacioso al instante
Jugar con la altura de las cortinas Riel o barra cerca del techo, tela cayendo hasta el suelo Mejora sencilla con un gran impacto visual, incluso con poco presupuesto
Repartir los “momentos” de altura Elementos altos distribuidos por la estancia, no solo en una esquina Crea una sensación constante de volumen desde cualquier ángulo

Preguntas frecuentes (FAQ)

  • ¿A qué altura debería colgar las cortinas en un salón pequeño? Lo más cerca posible del techo, dentro de lo razonable. Deja el espacio justo para que la barra o el riel no toque la línea del techo y luego deja que las cortinas caigan hasta el suelo para un tirón vertical limpio.
  • ¿Y si mis techos son bajos? ¿Seguirá funcionando? Sí. Con techos bajos, apuesta por barras finas y telas ligeras. La clave es no partir la pared en dos. Incluso 5–10 cm por encima del marco de la ventana pueden marcar una diferencia visible.
  • ¿Los espejos grandes son siempre buena idea en espacios pequeños? Usados con intención, sí. Un espejo alto y sencillo que refleje luz o una vista tranquila ampliará la habitación. Evita colocarlo donde refleje desorden o una pantalla de TV muy “movida”.
  • ¿A qué altura debería colgar un cuadro sobre el sofá? Un ajuste típico de decorador es colgarlo un poco más alto de lo que parece “seguro”. Como guía, la parte inferior del marco puede quedar a 15–25 cm por encima del respaldo del sofá; luego ajusta a ojo para que conecte con el resto de tus elementos verticales.
  • ¿Puedo crear este efecto sin cambiar las cortinas? Puedes empezar con lo que ya tienes: sube los cuadros, añade una lámpara de pie alta o un espejo alto y apila marcos en vertical. Las cortinas son potentes, pero no son la única forma de “estirar” la habitación.

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