Saltar al contenido

Le multaron por “aparcar en la acera” aunque en esa calle no había acera.

Hombre sorprendido sostiene papel; nivel de burbuja en el suelo junto a coche estacionado en calle urbana.

El sobre amarillo ya estaba encajado bajo el limpiaparabrisas cuando dobló la esquina. Un tranquilo fondo de saco, sin tráfico, sin tiendas, solo una hilera de casas de ladrillo cansadas y una franja de asfalto agrietado donde todo el mundo aparcaba. Sin líneas pintadas. Sin bordillos. Sin acera.

Se quedó allí, con la multa en la mano, leyendo las palabras: «Infracción: aparcar en la acera».

Miró hacia abajo, a sus ruedas. Las dos sobre la calzada. Nada más. Solo asfalto que se fundía con el borde del jardín delantero de alguien.

Un vecino al otro lado de la calle le dedicó ese gesto a medio camino entre encogerse de hombros y sonreír que dice: «Pasa todo el tiempo, colega».

La multa era real. La acera no.

Y ahí fue cuando empezó la verdadera historia.

«Aparcar en la acera» donde no hay acera

El conductor se llamaba Mark, un electricista de 38 años que pasa más tiempo en callejones del Reino Unido que en su propio salón. Había aparcado en el mismo tramo tres veces ese mes, siempre pegado al borde para que las furgonetas pudieran pasar.

Sin bordillo, sin losas elevadas, sin rebaje de bordillo. Solo una línea gastada donde los zapatos habían aplastado la hierba.

La multa decía que estaba «aparcado con una o más ruedas sobre un paso peatonal o invadiéndolo». En lenguaje legal, ese paso peatonal incluía al parecer una acera inexistente en la que nadie podía ponerse físicamente.

Esa noche, Mark se quedó mirando las fotos como prueba. Su coche. Una franja de asfalto. Sin espacio para peatones; solo imaginación.

Su caso no es único. En todo el Reino Unido, los ayuntamientos están aumentando discretamente la vigilancia de lo que llaman aparcamiento en la acera, incluso en calles donde nunca se llegó a construir una acera en condiciones.

En 2023, algunas autoridades locales informaron de decenas de miles de multas por «obstrucción de la vía pública» y «aparcamiento en la acera», pillando a conductores en caminos rurales, urbanizaciones a medio hacer y fondos de saco incómodos.

En redes sociales, basta con deslizar el dedo para ver fotos de multas clavadas en parabrisas en lugares donde la única «acera» es una cuneta embarrada o una tenue franja de grava. El patrón siempre es el mismo: conductor confundido, ley vaga, agente seguro de sí mismo.

Un distrito de Londres batió el año pasado un récord de ingresos por sanciones de aparcamiento. Los vecinos notaron el cambio mucho antes que los titulares.

Lo que está pasando es un choque entre tres mundos: las definiciones legales, las carreteras del mundo real y los ayuntamientos con presupuestos asfixiados.

En derecho de tráfico, «acera» puede significar cualquier parte de la vía que no esté destinada a los vehículos, no solo una franja bonita con bordillo y pavimento. Así que un borde desnudo de asfalto junto a una valla puede tratarse como espacio peatonal, aunque nadie lo llamaría acera en una conversación normal.

Al mismo tiempo, a los residentes se les dice que mantengan las calles despejadas para vehículos de emergencia, ciclistas y carritos de bebé, y luego se les castiga cuando arriman el coche unos centímetros hacia un lado. La línea entre ser considerado y recibir una multa suele ser invisible. Literalmente invisible.

Cómo protegerte cuando la acera es «invisible»

Si conduces o aparcas en calles sin aceras claras, la primera regla de supervivencia es dolorosamente simple: actúa como si hubiera acera de todos modos.

Busca las pistas físicas en las que se apoyan los agentes y los ayuntamientos. Una franja de asfalto que “parece” espacio para caminar. Un arcén de hierba gastado por las pisadas. Un muro de linde que da la sensación de marcar el inicio de una propiedad privada.

Como orientación aproximada, imagina a un adulto empujando un carrito de bebé por el lado de la calle. Si tus ruedas están donde podrían ir sus pies, estás en la zona de peligro.

Haz una foto rápida de cómo has aparcado, sobre todo si la disposición es confusa. Ese hábito de dos segundos puede convertirse en tu mejor amigo más adelante.

La gente suele cometer los mismos errores honestos. Copian lo que hacen otros en la calle y dan por hecho que debe estar permitido. Ven una fila de coches sobre un arcén o pegados a una valla y piensan: «Si esto fuera ilegal, alguien ya habría dicho algo».

También subestiman lo creativa que puede volverse la vigilancia cuando los presupuestos aprietan. Algunos ayuntamientos consideran sancionable cualquier invasión de una superficie que no sea calzada, independientemente de cómo se vea sobre el terreno.

A nivel humano, recibir una multa sorpresa se siente como un juicio personal, no como un simple papel. No solo te dicen que aparcaste mal; te dicen que deberías haberlo sabido en un lugar donde nada está claramente marcado.

Recurrir una multa como la de Mark empieza menos por la rabia y más por hacer los deberes.

Compruebas el código exacto de la infracción. Pides las fotos del ayuntamiento. Buscas la Orden de Regulación del Tráfico (Traffic Regulation Order) de esa calle, si es que existe. Y luego comparas el texto legal con lo que tus ojos pueden ver realmente sobre el terreno.

«La ley no siempre coincide con la realidad, así que tu trabajo es meter la realidad en el encuadre», me dijo un asesor de derecho de circulación. «Fotos, mapas, mediciones: esa es tu palanca».

  • Fotografía siempre tu posición de aparcamiento desde varios ángulos.
  • Captura la calle completa, no solo tu coche.
  • Destaca la ausencia de bordillos, marcas o señales peatonales.
  • Mantén un tono tranquilo y factual en la carta de recurso.
  • Pide directamente la base legal que define esa zona como acera/zona peatonal.

Lo que esta multa extraña dice sobre nuestras calles (y sobre nosotros)

Mark acabó presentando el recurso con tres fotos sencillas y una pregunta directa: «¿Dónde está exactamente la acera en la que se me acusa de haber aparcado?».

Las imágenes mostraban una superficie continua de calzada de muro de ladrillo a muro de ladrillo. Sin bordillo, sin cambio de nivel, sin nada que separase «espacio para coches» de «espacio para personas».

Semanas después, el ayuntamiento anuló discretamente la multa, con una nota breve que sonaba a encogimiento de hombros. Sin disculpas, sin explicación. Solo silencio administrativo y una línea de texto: «La autoridad ha decidido ejercer su discrecionalidad en esta ocasión».

La multa desapareció. La confusión se quedó.

Estamos en un momento extraño en la forma en que compartimos las calles. Los coches están por todas partes; la seguridad peatonal por fin suena más fuerte; los ayuntamientos están bajo presión para poner orden en hábitos de aparcamiento caóticos.

Al mismo tiempo, se encajan urbanizaciones en rincones sobrantes de terreno, con aceras a medio terminar, arcenes torpes y carreteras con cuellos de botella. Normas diseñadas para calles victorianas anchas y pasos peatonales formales se están pegando encima de lugares que parecen un patchwork.

En un mal día, se siente como una trampa. En un buen día, es solo desordenado y humano: vecinos intentando hacerse sitio en diseños que nunca se pensaron de verdad.

En un nivel más profundo, esta historia roza algo más corriente y familiar. En un fondo de saco a las 7 de la tarde, la ley real suele ser tácita: no bloquees la entrada, no atrapes al camión de la basura, no fastidies a la persona cuya ventana recibe tu escape.

Luego, una mañana, aparece una multa y le recuerda a todo el mundo que hay otro conjunto de normas, escritas lejos y aplicadas por alguien que no vive en la calle.

Todos improvisamos a diario con los espacios que compartimos. Algunos días esa improvisación parece cortesía; otros días, un código de infracción.

Seamos sinceros: nadie se lee de verdad la normativa local de tráfico para cada callejuela donde aparca.

La próxima vez que arrimes tu coche a lo que parece «solo el borde de la calzada», quizá recuerdes la historia de Mark. No por miedo, sino como un aviso silencioso para mirar dos veces el suelo bajo tus ruedas.

¿Dónde termina la carretera a ojos de la ley? ¿Dónde empieza la acera en la mente de un agente? Esas fronteras no siempre están grabadas en piedra u hormigón; a menudo se dibujan después, en el papeleo.

Quizá la verdadera pregunta no sea solo cómo aparcamos, sino hasta qué punto nuestras calles reflejan honestamente la forma en que vivimos, caminamos y conducimos.

Es una conversación que merece la pena tener: en la acera, en la calzada o en esa franja borrosa entre ambas.

Punto clave Detalle Interés para el lector
Definición difusa de «acera» La ley a veces considera acera cualquier zona no destinada a los vehículos, incluso sin bordillo visible. Entender por qué puede caer una multa donde no existe claramente ninguna acera.
Papel de las pruebas visuales Fotos amplias de la calle, múltiples ángulos, ausencia de marcas y bordillos. Saber qué documentar para recurrir una multa considerada injusta.
Estrategia de recurso estructurada Analizar el código de infracción, pedir las pruebas al ayuntamiento, mantener un enfoque factual y preciso. Aumentar las posibilidades de conseguir la anulación de una sanción.

Preguntas frecuentes (FAQ)

  • ¿De verdad pueden multarme por aparcar en una «acera» que no existe? Sí. Si la autoridad clasifica una parte de la vía pública como acera o espacio peatonal, puede imponer una multa aunque no haya bordillo ni losas de pavimento.
  • ¿Cómo sé dónde empieza y termina legalmente la acera? No hay una única regla visual. Busca bordillos, cambios de superficie, arcenes de hierba o límites. En zonas dudosas, los ayuntamientos a menudo tratan la franja exterior de la calzada como acera.
  • ¿Qué debería incluir en un recurso por este tipo de multa? Fotos amplias de la calle, primeros planos de dónde estaban tus ruedas, una explicación calmada y una solicitud directa de la base legal que define esa zona como acera/espacio peatonal.
  • ¿Pagar la multa significa que acepto que estaba equivocado? Legalmente, pagar cierra el caso, pero no crea un registro público de culpabilidad. Si estás muy en desacuerdo, usa las fases formales de recurso antes de que expire el periodo de descuento.
  • ¿Debería copiar cómo están aparcados otros coches en la misma calle? No es seguro. Puede que otros conductores simplemente se estén librando ese día. Usa tu propio criterio e imagina por dónde caminaría de forma natural un peatón.

Comentarios

Aún no hay comentarios. ¡Sé el primero!

Dejar un comentario