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Los científicos afirman que quienes caminan más rápido de lo normal suelen ser más exitosos e inteligentes que los que caminan despacio.

Hombre caminando por la acera con abrigo beige, sosteniendo un cuaderno. Otro par de personas al fondo.

Estás en un paso de peatones, el semáforo se pone en verde y, de repente, la gente se divide en dos tribus: quienes caminan a buen paso y atraviesan la multitud con determinación, y quienes pasean despacio, como si se moviesen a cámara lenta. Seguramente has sentido ese pequeño pinchazo cuando alguien te adelanta deslizándose, con la bolsa balanceándose, la mirada clavada en un destino invisible. ¿Llegan tarde? ¿Son ambiciosos? ¿Simplemente impacientes?

Los científicos del comportamiento llevan tiempo observando en silencio esta coreografía cotidiana. Su afirmación es sencilla -y un poco inquietante-: las personas que caminan más rápido que la media tienden a tener más éxito y, a menudo, obtienen puntuaciones más altas en ciertas medidas de inteligencia y salud. Ese detalle tan poco llamativo -tu velocidad al caminar- podría decir más sobre tu mentalidad y tu futuro de lo que te gustaría admitir.

La acera empieza a parecer una radiografía de quienes somos.

Lo que tu velocidad al caminar dice en secreto sobre ti

La próxima vez que estés en una estación de tren concurrida, observa a la vez caras y pies. Quienes caminan rápido suelen tener un aspecto particular: la mirada al frente, el móvil guardado, el cuerpo ligeramente inclinado hacia delante. Su ritmo no es frenético, es deliberado. No corren; simplemente no van a la deriva.

Quienes caminan despacio a menudo parecen vivir en otro tempo. Algunos están cansados o absortos en sus pensamientos, otros van haciendo scroll, otros sencillamente no sienten prisa. Y ahí es donde la ciencia del comportamiento empieza a interesarse. Porque tu velocidad por defecto, cuando no intentas impresionar a nadie, actúa como una pequeña huella conductual.

Investigadores de instituciones como la Universidad de Leicester y la Universidad de Duke han seguido a miles de personas durante años, incluso décadas. Un patrón llamativo aparece una y otra vez: quienes, de forma natural, caminan más rápido tienden a ganar más, a alcanzar puestos más altos y a rendir mejor en pruebas cognitivas, especialmente en aspectos como la velocidad de procesamiento y la resolución de problemas.

En un gran estudio, quienes caminaban más rápido en la mediana edad no solo estaban físicamente más sanos: sus cerebros parecían “más jóvenes” en los escáneres. Presentaban menos señales de envejecimiento en las áreas vinculadas a la planificación y la toma de decisiones. Nadie les pidió que se dieran prisa. Los científicos simplemente midieron la velocidad que elegían cuando se les decía: «camina a tu ritmo normal».

Es una decisión diminuta que tomas cada día sin pensarlo. Y, sin embargo, a nivel poblacional, sigue señalando en la misma dirección.

La lógica detrás de esto es menos mística de lo que parece. La velocidad al caminar es, en parte, un rasgo físico: forma física, fuerza muscular, capacidad pulmonar. Esas cosas suelen ir de la mano de mejores hábitos de salud y más energía, lo que facilita presentarse, aguantar días largos y aprovechar oportunidades cuando aparecen.

Pero también hay una capa mental. Quienes caminan rápido tienden a puntuar más alto en rasgos como la escrupulosidad (responsabilidad) y la orientación a objetivos. Pasan antes de la intención a la acción. La distancia entre «debería ir» y «ya estoy yendo» es corta. Esa mentalidad se traslada al trabajo, a los negocios, a los estudios. Se mueven por las tareas como se mueven por las calles.

Caminar despacio no significa «ser menos inteligente» a nivel individual, y los científicos lo señalan rápido. Lo que los datos sugieren realmente es esto: en grandes grupos, la velocidad al caminar se comporta como un indicador aproximado de cómo tu cerebro y tu cuerpo gestionan las exigencias del mundo.

¿Puedes “entrenarte” para adoptar una mentalidad de caminante rápido?

Si tu ritmo natural se parece más al paseo dominical que al sprint urbano, no estás condenado. Un método práctico que les gusta a los coaches conductuales son los “paseos de tempo”. Elige una ruta que hagas a diario -de casa a la parada del bus, del aparcamiento a tu oficina- y decide que ese pequeño tramo del día será tu “carril rápido”.

En ese tramo concreto, camina un 15–20% más rápido que tu ritmo habitual. Sin correr, sin andar a paso ligero hasta sudar: simplemente, de forma perceptiblemente más viva. Cabeza alta, brazos en movimiento, sin móvil en la mano. Piénsalo como accionar un interruptor mental: durante esos minutos, eres alguien que se mueve con propósito.

Hecho de manera constante, esto no es solo entrenamiento físico. Es microentrenamiento para tu toma de decisiones y tu gestión de la energía. Estás ensayando la sensación de «yo elijo moverme» en lugar de «voy a la deriva».

Otra práctica sencilla: vincula tu velocidad al caminar con tu intención. En días en los que te sientas difuso o disperso, elige un objetivo claro antes de salir -responder ese correo, programar esa llamada, terminar esa diapositiva. Mientras caminas, repítelo en silencio una o dos veces y ajusta tu paso a ese foco.

A nivel humano, todos sabemos lo que se siente al arrastrar los pies. Mañanas largas, pensamientos pesados, esa resistencia silenciosa a empezar. Acelerar el ritmo, aunque sea un poco, puede actuar como un empujón físico para salir de esa niebla. No arreglará problemas profundos, pero a menudo rompe la primera capa de inercia.

Seamos sinceros: nadie hace esto de verdad todos los días. Algunos días se te olvidará, o estarás demasiado cansado, o el tiempo hundirá tu ambición. No pasa nada. La idea no es la perfección. Es tener a mano esta pequeña palanca cuando quieras sentirte más al mando de tu día.

Un científico del comportamiento lo resumió de una forma que se queda:

«Enséñame cómo te mueves entre una multitud y tendré una buena idea de cómo te mueves por tu vida».

Esa frase puede escocer, pero también puede liberar. Caminar es una de las pocas conductas con las que puedes experimentar sin que nadie lo note demasiado. Puedes probar un “día de caminante rápido” y ver qué cambia: ¿hablas antes en las reuniones, respondes más rápido a los mensajes, tomas decisiones con menos vacilación?

  • Prueba un carril rápido: elige una ruta diaria en la que siempre camines con propósito.
  • Mantén el móvil en el bolsillo hasta llegar, al menos en ese tramo.
  • Vincula tu ritmo a un objetivo claro que lleves contigo ese día.
  • Observa, sin juzgar, cómo se sienten después tu estado de ánimo y tu confianza.
  • Repítelo tres veces por semana, no para siempre: solo durante un mes y observa.

Repensar el éxito, acera a acera

En cuanto empiezas a fijarte en las velocidades al caminar, las calles cambian. Ese compañero que se desliza por el pasillo a 120 pulsaciones por minuto de repente parece un caso de estudio. El directivo que se arrastra despacio pero decide rápido rompe tu nueva teoría. La realidad siempre es más caótica que cualquier estadística ordenada.

Aun así, la idea de que tu ritmo contiene pistas sobre tu futuro se queda rondando. Plantea preguntas incómodas: ¿cuándo fue la última vez que te notaste caminando «con intención»? ¿En qué días te encoges hacia un ritmo más lento, como si esperases que no te pidan demasiado?

Un cambio sutil es tratar el hecho de caminar como un chequeo diario contigo mismo. No como una prueba, ni como otra cosa que optimizar, sino como un espejo silencioso. Si siempre vas con prisas, con el corazón acelerado, quizá el trabajo no sea ir más rápido, sino crear más espacio. Si siempre vas arrastrándote, quizá tu cuerpo te esté diciendo que algo -sueño, sentido, salud- necesita atención.

Todos hemos vivido ese momento en el que aceleramos sin darnos cuenta, simplemente porque de pronto nos importa adónde vamos. Ese es el núcleo de toda esta historia. La ciencia sobre caminar rápido, el éxito y la inteligencia es menos un veredicto que una invitación: mira cómo te mueves hoy y pregúntate qué está reflejando.

Puedes tomar la parte útil -la inclinación hacia la acción, el foco más nítido, el sentido de dirección- sin convertir tu vida en una carrera. Quizá la pregunta real no sea «¿Soy un caminante rápido?», sino «Cuando camino, ¿está alineado con la vida a la que de verdad quiero llegar?».

Punto clave Detalle Interés para el lector
La velocidad al caminar como señal Quienes caminan más rápido tienden, de media, a mostrar mejores puntuaciones cognitivas, mejor salud y resultados profesionales más sólidos. Te ayuda a ver un hábito familiar como un indicador con significado, no solo como una manía.
Vínculo mentalidad–movimiento Caminar con brío suele reflejar rasgos como foco, orientación a objetivos y disposición a actuar. Te da una manera concreta de “sentirte” más decidido e implicado en la vida diaria.
Ritmo entrenable Pequeñas prácticas como “carriles rápidos” y caminar ligado a una intención pueden desplazar sutilmente tu energía y tu conducta. Ofrece experimentos simples, fáciles de probar sin tiempo extra ni equipamiento.

Preguntas frecuentes

  • ¿Caminar más rápido de verdad te hace más inteligente? No directamente. Los estudios muestran que quienes caminan más rápido a menudo rinden mejor en ciertas pruebas cognitivas, pero la velocidad al caminar no crea inteligencia; refleja la salud cerebral subyacente, la forma física y rasgos de personalidad.
  • ¿Qué se considera “rápido” en estos estudios? Los investigadores suelen fijarse en velocidades medias por encima de aproximadamente 1,3–1,4 metros por segundo, o unos 4,5–5 km/h, cuando se pide a la gente que camine a su ritmo normal, sin apresurarse.
  • Si camino despacio, ¿estoy destinado a tener menos éxito? No. La investigación habla de tendencias en grandes grupos, no de destinos individuales. Tu ritmo es un factor pequeño entre muchos: el entorno, la educación, la salud mental, la suerte y las decisiones también desempeñan un papel enorme.
  • ¿Puedo cambiar mi velocidad por defecto con el tiempo? Sí. Con mejor forma física, piernas más fuertes y hábitos sencillos como caminar con regularidad a buen paso, muchas personas adoptan de manera natural una zancada algo más rápida y segura.
  • ¿Debería obligarme a ir con prisa a todas partes a partir de ahora? En absoluto. El objetivo no es la prisa constante. Es observar tu ritmo y, en ocasiones, elegir un paso más intencional cuando apoye el tipo de vida y trabajo que quieres.

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