On somriem, ens imaginem pastéis de nata, el sol, el mar. Solo que esa escena empieza a cambiar. En la terraza de un café de provincia, las conversaciones se deslizan ahora hacia otro nombre, más inesperado.
Una pareja de jubilados saca un mapa arrugado. No señala Lisboa ni Oporto. Apunta más al este, mucho más lejos, casi al borde de otro mundo. A su alrededor, algunos fruncen el ceño; otros anotan el nombre en el móvil, como si nada.
En las estadísticas oficiales, este país casi no aparece. Pero en los grupos de Facebook, los foros y las cenas entre amigos, vuelve cada vez más a menudo. ¿Y si la verdadera alternativa a jubilarse en Portugal se estuviera jugando allí, entre el mar Adriático, pueblos de piedra y una fiscalidad todavía flexible?
Croacia, la nueva favorita silenciosa de los jubilados franceses
Apenas se oye en los medios, y sin embargo el movimiento es real: jubilados franceses eligen ahora Croacia en lugar de Portugal. El país marca casillas que los sénior conocen de memoria: clima suave en la costa, coste de la vida aún moderado, un sistema sanitario sólido, cercanía con Francia en avión. La imagen mental es potente: Dubrovnik al amanecer, Zadar al atardecer, Split fuera de temporada.
Donde Portugal empieza a parecer saturado, Croacia todavía suena a margen de maniobra y a sensación de vanguardia. Los franceses que se instalan allí tienen la impresión de “adelantarse a la ola”. Hablan de ciudades pequeñas y humanas, de cafés junto al agua, de vecinos curiosos pero amables. Un decorado de postal, sin efecto Disneyland.
Las cifras siguen siendo modestas, pero la dinámica intriga. En los foros de expatriados francófonos, las conversaciones sobre Zagreb, Rijeka o Pula se disparan. Se leen testimonios de jubilados que comparan su simulación de presupuesto: alquiler, salud, alimentación, ocio. Muchos cuentan que un proyecto inicial en Portugal cambió tras un simple viaje de exploración a Croacia. ¿La palabra que más se repite? “Sorpresa”.
Un ejemplo aparece a menudo en las conversaciones: el de Martine y Jean-Luc, 67 y 70 años, de Toulouse, que soñaban desde hacía años con el Algarve. Pasaron dos inviernos en Portugal, les encantó la luz, pero empezaron a sufrir la sensación de “déjà vu”. Demasiados franceses, demasiados precios en euros, demasiadas colas delante de las inmobiliarias. Un día, por impulso, reservan un crucero por Dalmacia.
Allí descubren Šibenik, pequeñas calas casi vacías a finales de septiembre, una ciudad que sigue teniendo vida por la noche sin convertirse en un parque para turistas. Hablan con un farmacéutico croata que habla un francés sorprendentemente fluido, y luego con una pareja de belgas instalada desde hace dos años. Al volver, su plan del Algarve ya no les entusiasma. Seis meses después, firman un contrato de alquiler por un año en la costa croata “para ver”. Y aún siguen allí.
Este giro cuenta otra cosa: Portugal fue durante mucho tiempo el símbolo de una jubilación fácil y fiscalmente ventajosa. Las reglas cambiaron, los precios subieron, las ciudades se gentrificaron. Muchos franceses tienen la impresión de llegar “demasiado tarde”. Croacia, en cambio, todavía está en la fase en la que todo parece posible: alquileres asequibles fuera de temporada, fiscalidad aún interesante según los perfiles, un entorno natural espectacular, una sensación de autenticidad más intacta.
Para algunos, no es solo un asunto de presupuesto; es una cuestión de horizonte. Irse a Croacia es aceptar un país un poco menos conocido, un poco menos legible, pero aún accesible. Una manera de sentirse vivo justo cuando se deja el mundo del trabajo.
Cómo construyen realmente una vida en Croacia los jubilados franceses
El cambio no se hace con una decisión definitiva tomada por impulso. Quienes logran una buena jubilación en Croacia siguen casi todos el mismo método discreto. Primero, una estancia de prueba fuera de temporada, no durante el verano saturado. Idealmente, de dos a tres semanas entre septiembre y noviembre, en dos ciudades distintas: por ejemplo Split y Zadar, o Rijeka y Pula. El objetivo no es “hacer turismo”, sino vivir un día a día normal.
Alquilan un apartamento con cocina, van al supermercado, preguntan el precio del kilo de tomates en el mercado, localizan médicos que hablen inglés o francés. Prueban el transporte, el banco, la red móvil, la oficina de correos. Lo anotan todo: costes, tiempos de trayecto, sensaciones. Una vez de vuelta, comparan ese cuadro de mando con su vida en Francia y luego con un escenario Portugal. Croacia empieza entonces a convertirse en una opción tangible, no solo un flechazo de vacaciones.
El segundo gesto clave, rara vez confesado, es multiplicar los microcontactos. Los futuros jubilados se unen a grupos francófonos de Facebook en Croacia, hacen preguntas sobre los alquileres en Šibenik, los seguros de salud en Zagreb, el tiempo real en Rijeka en invierno. A veces escriben por privado a quienes parecen tener un perfil similar: misma edad, mismo presupuesto, mismos deseos. Son esos intercambios, muy concretos, los que hacen caer los miedos.
Seamos honestos: nadie se lee de verdad todo el código fiscal croata antes de irse. Quienes salen adelante cruzan fuentes: un abogado o asesor fiscal en su ciudad en Francia, un contable local recomendado por otros expatriados y, a veces, una consulta con su caja de jubilación. La jubilación en Croacia se construye en esa mezcla de preparación seria y saltos medidos hacia lo desconocido.
Muchos se equivocan al principio en los mismos puntos. Imaginan Croacia como una especie de “Portugal 2.0” un poco más exótico. Subestiman la lengua, que creen “cercana al italiano”, o el rigor de los inviernos en ciertas zonas lejos del mar. Dan por hecho que todo será necesariamente más barato, cuando los alquileres en algunas partes de la costa se disparan en verano y algunos productos importados cuestan más que en un supermercado francés.
Los errores frecuentes se parecen: firmar demasiado rápido un contrato de alquiler de larga duración, no prever un presupuesto sanitario complementario, ignorar el estatuto de residente no habitual o la tributación de las pensiones. Al contrario, quienes viven bien esta transición se toman el tiempo de probar una región durante un invierno completo antes de declararse “instalados”. Mantienen un pie en Francia, a veces un pequeño estudio, a veces solo vínculos familiares muy activos. Admiten que no todo será sencillo, que algunos días uno se siente realmente lejos.
Con el paso de los meses, algo cambia en su relato. Croacia ya no es “el país al que nos mudamos”, sino “nuestra casa”. Los mercados del sábado tienen caras conocidas, el camarero del café se ríe de sus balbuceos en croata, los vecinos ofrecen higos. El miedo a partir deja paso, poco a poco, al orgullo de haberse atrevido a algo distinto del guion estándar.
“Habíamos marcado Portugal en el mapa como todo el mundo. Luego nos dimos cuenta de que estábamos imitando más un modelo que siguiendo nuestro deseo real. Croacia no estaba en nuestros planes al principio. Justo eso fue lo que nos gustó.” – Pierre, 69 años, instalado cerca de Zadar
Para visualizar lo que atrae tanto, muchos jubilados resumen Croacia en algunos puntos clave. No promesas milagrosas, sino referencias concretas que ayudan a imaginarse allí. Hablan de las mismas cosas que seguramente miras tú: tiempo, presupuesto, salud, vínculos con Francia. Pocos grandes discursos, muchos detalles del día a día.
- Una costa aún preservada en amplias zonas, sobre todo fuera del verano
- Ciudades medianas, a escala humana, con hospitales y servicios
- Un coste de la vida a menudo inferior al de Francia, pero no en todo
- Una comunidad expatriada en crecimiento, sin efecto “gueto” por ahora
- Una sensación de libertad, mezclada con una ligera inseguridad al principio… que también se convierte en una fuente de energía
Elegir un tipo diferente de horizonte para la jubilación
Lo que se juega detrás de este “desplazamiento” de Portugal hacia Croacia va mucho más allá del sol y los impuestos. Muchos jubilados franceses que toman esta decisión dicen, a veces con la boca pequeña, que temían una jubilación demasiado previsible. Les asustaba el aburrimiento educado, la rutina cómoda pero apagada. Así que buscan un país que aún les obligue un poco a aprender, a equivocarse, a empezar de nuevo.
Croacia ofrece exactamente esa dosis extraña entre familiaridad y desconocido. Europa, el euro en el horizonte, una cultura mediterránea accesible. Pero una lengua desconcertante, una historia reciente todavía muy presente, una forma distinta de entender el tiempo, la familia, la vida cotidiana. Quienes se instalan allí no se vuelven croatas. Simplemente añaden una nueva capa a su identidad, a una edad en la que la sociedad a menudo los imagina “asentados” para siempre.
Este entusiasmo discreto también dice algo de Francia. Un país donde las pensiones generan inquietud, donde el poder adquisitivo se tensa, donde la idea misma de “envejecer bien” parece amenazada. Al elegir Croacia, estos sénior no necesariamente huyen de su país. A veces solo buscan recuperar un margen de libertad, un espacio donde sus pensiones, incluso modestas, aún abran posibilidades concretas. Una forma muy simple, casi pudorosa, de decir: “No hemos terminado nuestra historia”.
| Punto clave | Detalle | Interés para el lector |
|---|---|---|
| Clima y calidad de vida | Costa adriática suave, ciudades a escala humana, turismo fuera de temporada | Imaginarse un día a día agradable, más allá de la postal veraniega |
| Coste y organización | Presupuestos a menudo inferiores a los de Francia, pero con diferencias según regiones | Comparar de forma concreta un escenario Croacia con Portugal o Francia |
| Transición progresiva | Estancias de prueba, contactos locales, acompañamiento fiscal y administrativo | Convertir un sueño difuso en un proyecto realista, paso a paso |
Preguntas frecuentes (FAQ):
¿Croacia es realmente más barata que Portugal para los jubilados?
No en todos los aspectos. Los alquileres fuera de las zonas turísticas más “calientes” y la comida del día a día pueden ser más bajos que en muchas ciudades francesas y, en algunos casos, más bajos que en Portugal. Pero los puntos costeros más demandados en verano, los productos importados y ciertos servicios pueden costar más. La única forma de saberlo es elaborar tu propio presupuesto con precios locales reales.¿Puedo vivir en Croacia solo con una pensión francesa?
Muchos lo hacen, especialmente fuera de las localidades costeras más turísticas. Una pensión francesa modesta pero regular puede ofrecer un nivel de vida decente, si evitas alquileres en temporada alta y controlas los costes de salud y de seguros. Una estancia de prueba de uno o dos meses es la mejor comprobación de realidad.¿Qué pasa con la barrera del idioma para los jubilados franceses?
En zonas turísticas y grandes ciudades, el inglés es habitual entre jóvenes y profesionales. El francés es más raro, pero no inexistente. La mayoría de los jubilados aprende croata básico para el día a día y se apoya en el inglés, apps de traducción y la buena voluntad de los locales. Rara vez es perfecto, pero funciona.¿Es fiable el sistema sanitario en Croacia para personas mayores?
La sanidad pública suele ser sólida en las grandes ciudades, con hospitales y especialistas. En localidades costeras pequeñas, quizá tengas que desplazarte para ciertos tratamientos. Muchos jubilados franceses optan por cobertura privada adicional y se aseguran de estar correctamente registrados en el sistema para mantener el acceso a prestaciones francesas o europeas cuando sea necesario.¿Por qué elegir Croacia en lugar de Portugal para jubilarse?
Algunos simplemente buscan un lugar que se sienta menos saturado, menos “ya visto”. Croacia ofrece una mezcla de estilo de vida mediterráneo, precios aún manejables, una naturaleza potente y la sensación de estar un poco fuera de los caminos trillados. Para quienes quieren que su jubilación parezca un capítulo nuevo, y no un cliché, ese matiz puede marcar toda la diferencia.
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