On a Monday morning in Carcasona, suena el timbre y nadie se mueve.
Filas de sillas vacías devuelven la mirada a la profesora de matemáticas Claire B., que hace el recuento rápido: nueve alumnos, de veintiocho. Deja caer el registro sobre la mesa, a medio reír y a medio atónita. «Esto parece semana de exámenes», murmura, «solo que no están aquí por elección».
En los pasillos, el ruido adolescente de siempre ha desaparecido. Las taquillas están cerradas, la cola del comedor es extrañamente corta y la enfermería está abarrotada. Los grupos de WhatsApp de padres no paran de echar humo: fiebre, tos, dolores, «otra vez está de baja», «no ha vuelto desde el jueves pasado».
En los institutos de todo el departamento de Aude, la misma escena se repite, de Narbona a Limoux. El profesorado improvisa, las direcciones encajan horarios como pueden y las familias se preguntan cuánto durará. Está claro que algo ha cambiado en el aire.
Un trimestre patas arriba: «Falta la mitad de mi clase»
En el Lycée Jules-Fil de Carcasona, las conversaciones en la sala de profesores ya no giran en torno a notas o exámenes. Van sobre quién sigue en pie. «Nunca había visto tantas ausencias en un trimestre», dice Marc, profesor de Historia con 20 años de experiencia. Señala el tablón, donde los gráficos de ausencias están cubiertos de marcas rojas.
Algunos días, filas enteras en las aulas quedan completamente vacías. El profesorado empieza ahora las clases preguntando: «¿Quién sigue enfermo hoy?» e intentando averiguar quién se perdió qué. El ambiente mezcla un caos suave con una preocupación silenciosa.
Lo que debía ser un trimestre normal de invierno se ha convertido en una especie de maratón extraño, a trompicones. Las clases avanzan a cámara lenta, con alumnos entrando y saliendo de la historia como personajes de una serie que ya no se puede seguir del todo.
En un instituto de Narbona, la directora Sandrine se desliza por el informe diario de ausencias. En una clase de seconde (4.º de ESO), 14 alumnos de 30 están en casa con gripe. Dos profesores también están en casa, postrados en cama. La semana anterior le tocó al departamento de Inglés. Esta semana, a Ciencias.
Algunas familias tienen a tres hijos enfermos a la vez, en centros distintos. Una madre describe la misma rutina repetida una y otra vez: farmacia, termómetro, infusión, televisión, controles perdidos, y la culpa que se cuela. «Empiezas a sentir que tu casa se ha convertido en una mini enfermería», dice.
En redes sociales, los alumnos bromean a medias con un «instituto fantasma». Circulan fotos de aulas casi vacías en Snapchat, con pies como «Clase VIP privada hoy» o «Sobrevivimos a la ola de gripe de Aude». Pero detrás del humor se percibe un hilo fino de inquietud.
Las epidemias no son nada nuevo, pero lo que llama la atención al personal este año es la magnitud y el momento. Las ausencias no están dispersas: están agrupadas, casi como una marea. Una semana una clase está casi completa. A la siguiente, es como si hubiera desaparecido un tercio del alumnado.
Las autoridades sanitarias mencionan un virus de la gripe especialmente activo y una campaña de vacunación tardía. El profesorado habla de un cansancio que nunca terminó de irse desde la Covid. Los padres mencionan autobuses abarrotados y aulas donde las ventanas se quedan cerradas «porque hace un frío que pela».
En realidad, es una mezcla de todas esas piezas la que crea la tormenta perfecta. Un ecosistema escolar muy interconectado, un virus muy contagioso y un invierno en el que todo el mundo ya va con la batería bajo mínimos.
Mantenerse a flote cuando media clase está en casa enferma
Ante la ola, muchos institutos de Aude están reinventando discretamente estrategias de supervivencia. En Carcasona, una profesora de matemáticas graba ahora vídeos cortos de repaso con el móvil después de cada clase. Sin edición sofisticada. Solo una pizarra, su voz y las fórmulas clave.
Los alumnos los ven desde la cama entre siestas, o en el sofá por la tarde. Algunos padres, no siempre cómodos con los deberes, dicen que ellos también usan los clips para poder seguir. No es perfecto, pero evita que el hilo se rompa del todo.
Otros docentes comparten resúmenes rápidos en PDF en la plataforma online del centro, u organizan sesiones de preguntas de 15 minutos por videollamada después de cenar. Cuando la gripe se instala en el aula, la flexibilidad deja de ser una palabra de moda y se convierte en pura supervivencia.
Entre los padres, está tomando forma un nuevo tipo de solidaridad. Un padre de Limoux explica que ahora envía a diario fotos del cuaderno de su hija a dos compañeros que están enfermos. Otra madre organiza pequeños «grupos para ponerse al día» en casa cuando ya no hay fiebre: tres adolescentes sentados alrededor de la mesa, repasando en silencio con chocolate caliente.
El profesorado también intenta ajustar expectativas. Algunos aplazan pruebas, otros adaptan la evaluación. Muchos repiten la misma frase: «La salud es lo primero». Seamos honestos: nadie lo aplica de verdad todos los días, pero este invierno mucha gente lo está intentando un poco más que de costumbre.
También hay errores que hacen daño. Alumnos que vuelven demasiado pronto, aún contagiosos, y recaen. Padres que se sienten culpables por no llevar a su hijo «aunque sea solo para el examen». Jóvenes que callan el agotamiento porque les da miedo quedarse atrás para siempre.
«Tengo alumnos que en septiembre eran de los mejores de la clase y ahora se sienten completamente perdidos», dice una orientadora en Narbona. «No son vagos. Están agotados, y se han perdido capítulos enteros».
Entre bambalinas, el personal intenta tejer pequeñas redes de seguridad para que nadie desaparezca del todo. Algunos centros llaman a casa tras una semana de ausencia, no para regañar, sino para comprender. Otros fijan una norma simple: quienes faltan durante periodos largos tienen un referente, un profesor o un orientador, que contacta una vez por semana.
- Recaps cortos y claros en lugar de enormes paquetes para ponerse al día.
- Un adulto de confianza en el centro que mantenga el vínculo.
- Padres que comparten apuntes, no presión.
No es una receta milagrosa. Es más bien ir tapando agujeros en el barco mientras se navega en plena tormenta.
Un año que dejará huella en alumnos, padres y profesores
Más allá de la gripe en sí, esta epidemia está remodelando discretamente la forma en que los institutos de Aude piensan el aprendizaje. Muchos alumnos han descubierto lo que significa seguir una clase a distancia, pero sin la estructura de una enseñanza remota completa como durante los confinamientos. Es más caótico, más frágil, más solitario.
Algunos profesores admiten que su idea de «buena asistencia» ha cambiado. Un alumno que consigue volver al centro después de una semana con 39 °C de fiebre quizá no esté listo para un oral, y no pasa nada. Una nota manuscrita de un padre adquiere de repente el peso de una pequeña historia de supervivencia.
En las familias, las conversaciones sobre salud y escuela también se han movido de sitio. Los padres hablan más abiertamente de descanso, carga mental y de la línea entre resiliencia y sobrecarga. Los adolescentes, por una vez, ven a los adultos también luchando; no como excusa, sino como una realidad compartida.
En una tarde gris en Aude, en un aula casi medio vacía, una profesora de Literatura lee un poema en voz alta a los pocos alumnos presentes. Fuera, la enfermera acompaña a otro adolescente pálido hasta la puerta, donde le espera un padre preocupado en un coche aparcado.
Dentro, quienes están toman apuntes, mandan fotos de la pizarra a amigos en casa y sueltan alguna broma para aligerar el ambiente. Es frágil, humano, imperfecto. Pero se sostiene.
Esta ola de gripe acabará desapareciendo de los titulares, sustituida por la siguiente crisis, la siguiente época de exámenes, la siguiente tormenta política. En los pasillos de los institutos de Aude, sin embargo, dejará una huella discreta: nuevos hábitos, expectativas distintas y recuerdos de un trimestre en el que las ausencias contaron una historia más grande que las notas.
Todos hemos vivido ese momento en el que una semana normal de repente parece escaparse de las manos. Para los alumnos de Aude, este trimestre ha sido una versión larga de esa sensación. Probablemente recordarán las sillas vacías, el «¿él también está enfermo?» medio susurrado, el profesorado improvisando planes B, C, D.
Quizá, dentro de unos años, hablen de «aquel año loco de la gripe» como otros hablan de días de nieve o de huelgas. O quizá solo lleven, en silencio, el recuerdo de adultos que intentaron, a su torpe manera, mantener unido el hilo de la escuela y del cuidado.
| Punto clave | Detalle | Interés para el lector |
|---|---|---|
| Un nivel de ausencias inédito | Hasta la mitad de una clase ausente algunos días en los institutos de Aude | Entender por qué el curso parece «desajustado» y menos lineal |
| Estrategias de apaño | Vídeos caseros, recaps cortos, ayuda mutua entre padres y alumnos | Identificar ideas concretas para limitar daños cuando la enfermedad golpea |
| Un impacto duradero | Cambio de mirada sobre el absentismo, el cansancio y la salud en la escuela | Sentirse menos solo y reflexionar sobre qué queremos conservar de esta experiencia |
Preguntas frecuentes (FAQ)
- ¿Este brote de gripe es realmente peor que otros años en Aude? El profesorado y las direcciones dicen que nunca habían visto agrupaciones tan densas de ausencias en un solo trimestre, con algunas clases medio vacías durante varios días seguidos.
- ¿Se van a ajustar los exámenes y las notas por tantas ausencias? No hay una norma general, pero muchos institutos están aplazando pruebas, ofreciendo recuperaciones o adaptando la evaluación para no penalizar demasiado a quienes han faltado durante periodos largos.
- ¿Qué pueden hacer las familias cuando un adolescente falta una semana entera a clase? Pedir resúmenes de lecciones cortos y claros, compartir apuntes con compañeros y priorizar la recuperación antes de ponerse al día poco a poco, asignatura por asignatura.
- ¿Los centros de Aude van a volver a clases totalmente a distancia? No; el enfoque actual es más híbrido e improvisado: pequeños apoyos online, horas extra de atención y planificación flexible, en lugar de un cambio completo a la enseñanza a distancia.
- ¿Esto podría cambiar a largo plazo cómo gestionamos la gripe y otros virus en la escuela? Sí; muchos profesionales y padres en Aude ya hablan de mejor ventilación, políticas de asistencia más flexibles y herramientas digitales que se mantengan incluso cuando la epidemia se apague.
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