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Poner un vaso de agua en el congelador podría ayudarte a reducir tu factura de electricidad sin que te des cuenta.

Mano sosteniendo un vaso de agua frente a un frigorífico abierto con envases de guisantes congelados.

En los días de calor, tu frigorífico zumba más de lo habitual, luchando contra el aire templado de la cocina cada vez que se abre la puerta.

Los expertos en energía señalan ahora a un aliado sorprendentemente poco tecnológico: un simple vaso de agua congelada que se convierte en una mini batería de frío dentro de tu frigorífico.

Cómo un vaso de hielo le da un respiro a tu frigorífico

La idea básica suena casi absurda: llena un vaso o una botella de plástico con agua, congélala durante la noche y, por la mañana, pásala del congelador a la balda superior del frigorífico.

A medida que el hielo se derrite, libera frío en el compartimento del frigorífico, lo que significa que el motor no tiene que trabajar tanto para mantener estable la temperatura durante las horas más cálidas y con más uso del día.

El hielo que se derrite dentro del frigorífico absorbe calor del aire, baja la temperatura y reduce la carga de trabajo del compresor.

Cada vez que abres la puerta, entra aire caliente y hay que volver a enfriarlo. Normalmente, el compresor se encarga de todo eso. Con un bloque de hielo en el frigorífico, parte de ese trabajo de refrigeración se traslada a un recurso gratuito: el cambio de fase del agua de sólido a líquido.

La ciencia detrás del truco de ahorro “perezoso”

Este truco se apoya en un principio básico de la termodinámica: cambiar el estado del agua de hielo a líquido requiere mucha energía. Esa energía sale del aire que la rodea.

Por qué el hielo al derretirse es un refrigerante tan potente

El agua tiene un alto calor latente de fusión. Eso significa que el hielo necesita absorber una gran cantidad de calor para convertirse en líquido, incluso cuando la temperatura se mantiene cerca de 0 °C. Dentro de un frigorífico, ese calor procede del aire y de los alimentos que acabas de meter.

  • El hielo absorbe calor mientras se derrite.
  • El aire de alrededor se enfría.
  • El termostato detecta menos calentamiento.
  • El compresor funciona con menos frecuencia y en intervalos más cortos.

En términos técnicos, el hielo actúa como un amortiguador térmico. En términos cotidianos, se comporta como un ayudante silencioso que suaviza los cambios de temperatura y le da al motor del frigorífico un pequeño pero real margen de respiro.

El hielo al convertirse en agua funciona como una batería de frío temporal: almacena “frío” en el congelador y luego lo libera lentamente en el frigorífico cuando más lo necesitas.

Cómo usar el truco del hielo de forma segura y eficaz

Este apaño no requiere equipos especiales, pero la manera de hacerlo cambia cuánto beneficio obtienes.

Paso a paso: del agua del grifo a la batería de frío

Quienes prueban este método suelen seguir una rutina sencilla que encaja bastante bien en el día a día.

Paso Qué hacer Por qué ayuda
1 Llena un vaso resistente o una botella de plástico con agua, dejando algo de espacio arriba. El agua se expande al congelarse; el espacio extra evita grietas o fugas.
2 Ponlo en el congelador durante la noche. El congelador almacena “frío” en forma de hielo sólido.
3 Por la mañana, pasa el agua congelada a la balda superior del frigorífico. El aire frío desciende, ayudando a enfriar todo el compartimento.
4 Deja que se derrita durante el día mientras cocinas y abres la puerta con más frecuencia. El hielo absorbe calor en lugar de que el motor haga todo el trabajo.
5 Vuelve a congelar la botella por la tarde/noche para el día siguiente. Repite el ciclo para mantener un amortiguador de frío constante.

Para muchos hogares, una botella mediana basta para notar un pequeño efecto. Los frigoríficos más grandes o las cocinas muy calurosas pueden necesitar dos o tres botellas repartidas por las baldas.

¿Cuánto dinero puede ahorrar esto en realidad?

Nadie debería esperar milagros de un solo vaso de hielo. Las ganancias son modestas, pero reales, sobre todo si se combina con otros hábitos.

Los frigoríficos están entre los pocos electrodomésticos que funcionan 24/7. Incluso recortar su tiempo de funcionamiento unos minutos cada hora puede notarse a lo largo de un año. Mediciones de laboratorio en campañas de eficiencia en Europa y Norteamérica sugieren que una mejor estabilidad térmica ayuda a los frigoríficos más antiguos a reducir su tiempo de funcionamiento en un pequeño porcentaje.

Por sí solo, el truco del hielo apenas recorta la factura, pero suma cuando se combina con buenos hábitos y un aparato bien mantenido.

Para un frigorífico familiar típico, los especialistas en energía estiman que pequeños cambios de comportamiento podrían ahorrar el equivalente a unas pocas libras o dólares al mes. El método del hielo forma parte de ese conjunto de cambios, especialmente en verano o en hogares donde se abre el frigorífico casi sin pensar.

Por qué abrir la puerta constantemente perjudica tu bolsillo

La mayoría de la gente abre la puerta del frigorífico muchas veces al día solo para mirar qué hay. Cada vistazo deja que el aire frío se escape y que entre aire caliente. El aparato tiene entonces que enfriar ese aire nuevo desde la temperatura ambiente hasta un nivel seguro para los alimentos.

Eso hace que el compresor se active más a menudo, consumiendo electricidad extra. Con el tiempo, esto provoca un desgaste apreciable y facturas ligeramente más altas, sobre todo durante olas de calor o en cocinas pequeñas con mala ventilación.

Hábitos sencillos que amplifican el efecto del hielo

Los asesores energéticos suelen recomendar un paquete de microhábitos, donde la botella de hielo actúa como apoyo y no como una solución mágica:

  • Planifica lo que necesitas antes de abrir la puerta, en lugar de quedarte mirando dentro para decidir.
  • Cierra la puerta con firmeza y evita dejarla entreabierta mientras cocinas.
  • Deja que las sobras se enfríen a temperatura ambiente antes de guardarlas.
  • Mantén el frigorífico razonablemente lleno para que los alimentos fríos ayuden a estabilizar la temperatura.
  • Comprueba las juntas de la puerta con una hoja de papel para asegurarte de que sellan bien.

Cuando estos hábitos acompañan al truco del agua congelada, el compresor pasa menos tiempo luchando contra grandes oscilaciones de temperatura. Eso significa menos ruido, menos esfuerzo para los componentes y una subida algo más lenta en tu contador eléctrico.

Límites del truco: lo que el hielo puede y no puede arreglar

Una botella de hielo no convertirá un frigorífico viejo y mal sellado en un modelo de gama alta. Solo ayuda a un sistema que ya funciona razonablemente bien.

Si el termostato está mal ajustado, el polvo bloquea las bobinas del condensador o la junta de la puerta pierde, el compresor seguirá desperdiciando energía. El hielo solo puede retrasar parte de ese derroche, no eliminarlo.

Piensa en el vaso de agua congelada como un descanso a mediodía para tu frigorífico, no como un sustituto del mantenimiento adecuado o de ajustes sensatos.

Los expertos suelen recomendar ajustar el frigorífico a unos 4 °C y el congelador a alrededor de -18 °C. Temperaturas mucho más bajas rara vez protegen mejor los alimentos, pero elevan el consumo rápidamente.

Ganancias extra: del truco del frigorífico a hábitos energéticos más amplios

Una vez que la gente empieza a probar trucos así, a menudo busca hábitos similares de “poner y olvidarse” por toda la casa. Muchos no cuestan nada y apenas cambian el nivel de confort.

Algunos ejemplos son apagar el horno unos minutos antes de que la comida esté hecha, usar tapas en las ollas para acortar el tiempo de cocción o poner el lavavajillas en un programa eco por la noche. Ninguno de estos pasos parece espectacular por sí solo, pero combinados suavizan la factura mensual, especialmente cuando suben los precios de la energía.

También hay un beneficio más amplio: un frigorífico que no funciona de manera constante suele durar más. Los compresores que disfrutan de periodos regulares de “descanso” sufren menos estrés, lo que retrasa reparaciones costosas o la necesidad de sustituir el aparato. Tanto para inquilinos como para propietarios, esa vida útil extra puede compensar de sobra el pequeño esfuerzo de congelar y mover una botella una vez al día.

Desde un punto de vista medioambiental, unos cuantos vatios-hora ahorrados en millones de cocinas se traducen en una menor demanda sobre la red eléctrica durante las tardes calurosas, cuando aires acondicionados y frigoríficos funcionan a la vez. Eso significa menos centrales contaminantes encendiéndose para cubrir los picos.

El truco del vaso congelado no va a cambiar el mundo. Pero como hábito pequeño y constante que aprovecha la física básica en lugar de nuevos gadgets, ofrece una forma accesible de orientar tanto tu factura como tu electrodoméstico en una dirección mejor, bloque de hielo silencioso a bloque de hielo silencioso.

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