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"Están totalmente pasados de moda": los expertos aconsejan evitar estos cortes de pelo “de abuela” a partir de los 50 años.

Mujer sonriente con corte de pelo bob en una peluquería, estilista peinando bajo luz natural.

Plata en el pelo, abrigo impecable, esa leve duda en la puerta. «Solo quiero algo… moderno», dijo, deslizándose en la silla. Cinco minutos después, la peluquera le quitó el pañuelo y dejó al descubierto un casco perfectamente redondo y rígido, sacado de los 90. Su hija adulta, que esperaba en el sofá, me miró y articuló sin voz: «Lo odia».

La estilista asintió, como si ya lo supiera. «Hoy nos vamos a deshacer de esa burbuja de abuela», sonrió. La mujer se rió, un poco avergonzada, como si la hubieran pillado con hombreras y permanente en una fiesta de playa. Casi se podía sentir el peso de los viejos hábitos sobre sus hombros.

Cuando se fue, su pelo se movía al caminar. Ella también se movía distinto. Ese es el poder silencioso de abandonar los cortes «de abuela» después de los 50.

Estos cortes «de abuela» que te envejecen de golpe sin que te des cuenta

Pregúntale a cualquier buen colorista o estilista de corte: la forma más rápida de parecer diez años mayor es llevar un peinado rígido y desfasado. De los que no se mueven. De los que necesitan una barbaridad de laca para mantenerse en su sitio. De los que llevaba tu madre en las bodas de los 80 y tu abuela en los 60… y, de algún modo, siguen en tu cabeza hoy.

Hablamos de esos cortes burbuja ultrafijados, bobs-casco apretados que se paran en la mandíbula, estilos tipo pageboy rectos con flequillos pesados, o pixies muy cortos y de punta congelados con gel. En alguien de más de 50, suenan menos «chic» y más «no me he cambiado el pelo desde que tenía el primer fijo».

Los expertos en cabello dicen que no es el largo lo que envejece. Es la rigidez, la simetría, la obsesión por domar cada mechón. Un pelo que parece peluca le roba suavidad a la cara y resalta cada línea en vez de difuminarla. Cuanta más vida le quitas al corte, más años suma a tus rasgos.

Pregúntales a los estilistas que trabajan mucho con mujeres de más de 50 y te contarán lo mismo. Llega una clienta convencida de que lo único posible es algo corto y ultrapracticado: «Córtamelo corto para no tener que preocuparme. Como siempre». Ese «como siempre» suele ser una coronilla con volumen y puntas metidas hacia dentro, o un shag hiperdesfilado que estaba de moda cuando Friends aún seguía en la tele.

Una estilista londinense siguió qué ocurría cuando proponía formas más suaves y actuales. Calcula que 7 de cada 10 mujeres que dejaron atrás su casco o su corte excesivamente desfilado se sintieron con la seguridad suficiente como para cambiar algo más de su aspecto en tres meses. Otro pintalabios. Gafas más atrevidas. Ropa nueva. Pequeños cambios, pero con significado.

En redes sociales, los vídeos de transformación lo dicen todo. Una mujer entra con rizos apretados como cemento y raíces visibles. Sale con un bob más suelto rozando la clavícula, textura natural, reflejos sutiles. La misma mujer, la misma edad, otra historia. No se trata de perseguir la juventud. Se trata de que tu pelo no grite una década en la que ya no vives.

Debajo de esos cortes «de abuela» suele haber una lógica tranquila. Muchas mujeres dicen a los expertos que eligieron ese corte porque parecía seguro, rápido y de bajo mantenimiento. Un estilo corto y muy fijado no crece de formas inesperadas. Sabes exactamente qué hará cada mañana. La rutina se convierte en confort.

El problema es que el propio pelo cambia después de los 50. Se afina, se reseca, a veces se clarean las sienes y la coronilla. Los cortes de la vieja escuela se diseñaron para melenas densas, pesadas y mucho secador. En un cabello más fino y frágil, esas formas se hunden o requieren tanto producto que todo se ve rígido y apagado. La cara también evoluciona: las mejillas se ahuecan un poco, la mandíbula se suaviza, cambia el tono de la piel.

Cuando la arquitectura del rostro es distinta, un peinado pensado para tu yo de 35 puede empezar a jugar en tu contra. Las líneas duras de un bob geométrico, el flequillo cuadrado, las puntas afiladas bajo la barbilla: arrastran la mirada hacia abajo y enmarcan zonas que quizá prefieras suavizar. Los cortes modernos para mujeres de más de 50 apuestan por el movimiento, el aire y la suavidad. No pelean contra el tiempo; lo favorecen.

Qué hacer en su lugar: estrategias avaladas por expertos después de los 50

El cambio más potente que puedes hacer no tiene por qué ser radical. Es pasar de «fijo» a «suave». Los peluqueros especializados en cabello maduro suelen empezar aflojándolo todo: relajar el flequillo, añadir capas más largas que se funden en vez de apilarse, dejar que las puntas se muevan un poco en lugar de curvarse hacia dentro como un cuenco. Pequeños ajustes, gran efecto.

Para quien lleva el pelo corto, los cambios importan. El pixie anticuado, de puntas y con gel, se convierte en un pixie más suave con laterales ligeramente más largos, texturizado con tijera, no afinado a cuchilla. El bob clásico de abuela, pesado sobre la mandíbula, pasa a un «bob francés», que cae entre el pómulo y la mandíbula con un movimiento ligero. El objetivo es un movimiento que parezca accidental, aunque no lo sea.

Para melenas más largas, los expertos recomiendan capas suaves que enmarquen el rostro y un desfilado invisible en la parte trasera, para que el pelo no arrastre la cara hacia abajo. A menudo evitan flequillos pesados y rectos que parten la cara en dos. Mejor flequillo lateral, desfilado, ligero o tipo cortina, que difumina líneas y dirige la mirada hacia arriba.

También importa cómo se lo pides a tu estilista. Muchas mujeres entran disculpándose: «Soy mayor, necesito algo práctico». Prueba a darle la vuelta: «Quiero un corte que me haga verme despierta y moderna; no más joven, solo actual». Esa palabra -actual- puede cambiar por completo la consulta.

El color también juega un papel enorme. Los expertos coinciden en que los negros muy tinta o los tintes de un solo tono, en bloque, pueden endurecer los rasgos después de los 50. Tonos algo más suaves, castaños ahumados, rubios arena, mezcla de canas tipo sal y pimienta, o mechas que enmarquen la cara aportan dimensión. Las canas pueden verse increíblemente modernas cuando el corte es preciso y la textura está cuidada.

Seamos sinceras: nadie hace esto realmente todos los días. El brushing elaborado, la rutina de peinado en cinco pasos, la técnica perfecta del cepillo redondo que ves en los tutoriales. La vida se mete por medio. Así que el propio corte tiene que hacer la mayor parte del trabajo por ti.

Por eso muchos peluqueros insisten en las «pruebas de lavar y secar al aire». Cortan como si no tuvieras herramientas en casa y luego te enseñan cómo cae de forma natural. Si solo se ve bien después de 40 minutos de esfuerzo, no es el corte adecuado. Su consejo es simple: apunta a estilos que resulten favorecedores con un poco de encrespamiento, un poco de elevación en la raíz, algo de irregularidad. El pelo perfecto favorece menos que un pelo ligeramente vivido a los 50+.

La textura es tu aliada. Ondas suaves, una ligera curvatura o un toque de volumen en la coronilla pueden levantar todo el rostro. Lo que conviene evitar es un largo plano, sin forma y sin capas, o los cortes hiperdesfilados y a trasquilones que gritan principios de los 2000. El punto dulce está en medio: forma intencionada, acabado sin esfuerzo. En un mal día de pelo, debería susurrar «me he levantado así», no «se me ha venido abajo el moldeado con rulos».

«La pregunta que le hago a cada mujer de más de 50 nunca es “¿Cuántos años tienes?”, sino “¿Cómo quieres sentirte cuando te mires al espejo?”. El pelo debería seguir esa respuesta, no tu certificado de nacimiento», explica la estilista londinense Emma Riley.

Para muchas mujeres, esta conversación es emocional. No solo te cortas el pelo; cortas versiones de ti misma que criaron hijos, cambiaron de carrera, sobrevivieron al duelo. Por eso la experimentación suave funciona mejor que los cambios de choque. Una estilista sugiere una «regla de dos visitas»: suavizar y modernizar un poco en la primera cita, y empujar un poco más en la segunda, una vez que ya has convivido con el cambio.

  • Cortes “de abuela” a evitar: cortes burbuja ultrafijados, bobs-casco, pageboy rígidos, permanentes sobrecargadas de laca.
  • Alternativas modernas: bobs suaves, lobs ligeros, pixies texturizados, melenas a la altura de los hombros con movimiento.
  • Detalles que ayudan: flequillo más ligero, capas que enmarcan el rostro, canas bien integradas, textura natural.

Dejar que tu pelo envejezca contigo, no contra ti

En cuanto empiezas a fijarte, lo ves en todas partes. En el supermercado, en reuniones, en encuentros familiares. Dos mujeres de la misma edad, dos historias completamente distintas contadas por su pelo. Una arrastra un corte rígido de una década ya lejana; otra lleva un estilo que se mueve, que parece pertenecer al presente.

Evitar los cortes «de abuela» no va de perseguir la juventud a cualquier precio. Va de negarte a quedarte congelada en el tiempo por ideas antiguas de cómo «debería» verse una mujer de cierta edad. Los expertos no coinciden en todas las técnicas, pero coinciden en esto: el pelo después de los 50 debería poder ser ligero, imperfecto, vivo. Como el resto de ti.

La próxima vez que te sientes en la silla del salón, quizá escuches esa vocecita que dice: «Haz lo de siempre». Tal vez esta vez no lo hagas. Tal vez preguntes qué haría que tu cara se viera más descansada. Tal vez dejes ir unos centímetros, o muestres tus canas de forma más deliberada. En un buen día, un simple corte de pelo puede sentirse como cerrar un capítulo antiguo y, en silencio, empezar otro.

Punto clave Detalle Interés para el lector
Evitar los cortes rígidos cortes burbuja, bobs-casco, pageboy rígidos, pixies de punta Entender qué cortes envejecen más el rostro
Priorizar el movimiento bobs suaves, lobs, pixies texturizados, largos con desfilado ligero Encontrar alternativas modernas y fáciles de llevar
Adaptar al rostro y a la textura flequillo suavizado, mechones que enmarcan la cara, canas bien integradas Elegir un corte que acompañe la edad en lugar de subrayarla

Preguntas frecuentes (FAQ)

  • ¿Puede el pelo largo seguir quedando bien después de los 50? Sí. Siempre que tenga forma y movimiento -como capas suaves o mechones que enmarquen el rostro-, el pelo largo puede verse elegante y muy actual a cualquier edad.
  • ¿Los cortes cortos siempre envejecen? No. No es el largo, es el estilo. Un corte rígido y sobrecargado de laca puede envejecerte, mientras que un pixie suave y texturizado puede verse fresco y moderno.
  • ¿Debería dejar de teñirme cuando me salgan canas? No necesariamente. Puedes abrazar las canas por completo, integrarlas con mechas o suavizar el tono. La clave es la armonía con tu tono de piel y el corte.
  • ¿Cada cuánto debería cambiar de peinado después de los 50? Revísalo cada dos o tres años. La textura del pelo y la forma del rostro evolucionan, y pequeñas actualizaciones mantienen tu imagen alineada con quién eres ahora.
  • ¿Qué le digo a mi estilista para evitar un corte “de abuela”? Di que quieres suavidad, movimiento y un estilo que funcione con tu textura natural. Menciona que quieres evitar formas rígidas tipo casco o flequillos pesados y anticuados.

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