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Según expertos, un nuevo aparato de cocina podría sustituir definitivamente al microondas y es mucho más eficiente.

Persona cocinando salmón y verduras en una parrilla eléctrica en una cocina moderna con microondas y tarro de vidrio.

De nuevo. La pasta había explotado en salpicaduras naranja furiosas. Alguien soltó una maldición en voz baja, abanico el vapor con un paño de cocina y volvió a meter el plato “solo 20 segundos más”, sabiendo perfectamente que probablemente se convertiría en goma.

Al otro lado de la misma cocina diáfana, una pequeña caja de acero cepillado zumbaba suavemente sobre la encimera. Sin plato giratorio. Sin traqueteos. Solo un remolino suave de aire caliente y luz. Dentro, la misma pasta se recalentaba en una fuente poco profunda, con los bordes dorándose lentamente y el vapor subiendo de forma uniforme desde el centro.

Dos minutos después, ambos platos llegaron a la mesa. Uno sabía a ayer. El otro sabía como si acabara de salir de la sartén. Y ese es el momento en que, según los expertos, los días del microondas estaban contados.

El ascenso silencioso del “mata-microondas”

El dispositivo por el que apuestan los expertos no parece un artilugio de ciencia ficción. A primera vista, es simplemente un horno compacto de encimera con puerta de cristal y un tirador robusto. Sin plato giratorio, sin el misterioso botón de “Potencia 7”. Dentro, potentes resistencias y un ventilador turbo empujan aire caliente alrededor de la comida a gran velocidad. Es un híbrido de última generación entre freidora de aire y horno, diseñado no solo para patatas fritas y alitas, sino para hacer todo lo que tu microondas prometió y nunca terminó de clavar.

Especialistas en energía que han probado estos nuevos modelos codo con codo frente a microondas tradicionales describen un patrón sencillo. La comida se calienta de forma más uniforme. Las texturas se mantienen más cerca de “recién hecho”. Y, vatio por vatio, estos dispositivos de convección a menudo usan menos energía para lograr resultados que realmente te apetecen, en vez de limitarte a tolerar las sobras.

En una prueba de laboratorio en Reino Unido, los investigadores recalentaron la misma lasaña en un microondas estándar de 900 W y en un horno-freidora de aire de 1.600 W ajustado a 180 °C. El microondas terminó antes, en poco más de dos minutos, pero el centro quedó ocho grados por debajo de la zona segura y los bordes se volvieron chiclosos. El horno-freidora tardó algo más -tres minutos y medio-, pero la temperatura fue uniforme, la parte superior quedó ligeramente caramelizada y el consumo total de energía fue menor porque la comida se mantuvo caliente durante más tiempo sin necesitar una segunda “tanda”.

Ese pequeño hueco entre “meh pero rápido” y “un poco más lento pero de verdad delicioso” es donde los expertos creen que se producirá el cambio. En pruebas repetidas con distintas marcas, estos nuevos hornos no solo recalentaban. Revivían. La pizza recuperaba el crujiente en lugar de convertirse en cartón húmedo. El pollo asado sobrante recuperaba la piel crujiente en vez de transformarse en esa cosa pálida y fibrosa que empujas por el plato.

Los diseñadores de cocinas también observan de cerca. Proyectos de apartamentos de alta gama, de Sídney a Estocolmo, empiezan a prescindir por completo del hueco para microondas empotrado y optan por unidades compactas de convección y freidora de aire ocultas tras puertas lisas y elegantes. Los fabricantes apuestan por un futuro en el que “calentar rápido” no signifique automáticamente “nukearlo”. Si a eso le sumas la subida de los precios de la energía y normas de eficiencia más estrictas, el viejo microondas empieza a parecer menos un milagro y más una reliquia ruidosa de los 80.

Cómo funciona de verdad este nuevo aparato en el día a día

Olvídate del estereotipo de la cesta de la freidora de aire rebosando nuggets congelados. La nueva generación de dispositivos que entusiasma a los expertos se parece más a pequeños hornos profesionales. Deslizas una bandeja o una rejilla, eliges un programa como “recalentar”, “asar” u “hornear”, y una combinación de resistencias precisas y flujo de aire a alta velocidad hace el resto. Algunos modelos incluso usan sensores para detectar la humedad y ajustar el calor para que la comida no se reseque.

El truco principal es simple: en vez de bombardear las moléculas de agua dentro de la comida como hace el microondas, estos hornos calientan el exterior de forma controlada y luego dejan que el calor avance hacia dentro. Eso significa que tu lasaña consigue una superficie crujiente y un centro caliente al mismo tiempo. También significa: adiós al misterioso “bolsillo frío” en medio del curry, justo al lado de una esquina que te quema la lengua.

Quienes ya han dado el salto describen el mismo patrón. Al principio, mantienen el microondas “por si acaso”. Luego empiezan a recalentar pizza en el nuevo horno y se dan cuenta de que vuelve a saber como si fuera recién pedida. Después llegan las sobras, el pan congelado e incluso un bizcocho que, por alguna razón, sabe mejor al tercer día. En un mes, el microondas se usa sobre todo como estante extra. El cambio no va de estar a la moda. Va de que el sabor gana a la pura velocidad.

Desde el punto de vista numérico, los analistas energéticos señalan algo contraintuitivo. Un horno-freidora moderno de 1.500 W a menudo usa una cantidad total de electricidad similar o incluso menor que un microondas de 900 W para muchas tareas cotidianas. Precalienta rápido, cocina a temperatura constante y luego se apaga con precisión. Los microondas, en cambio, a veces requieren ciclos repetidos porque la comida se enfría de forma irregular, lo que suma más minutos de consumo de lo que imaginas.

Y hay otro factor oculto: el comportamiento. Cuando la comida recalentada en estos dispositivos sabe mejor, la gente tira menos. Las verduras asadas sobrantes acaban en una tostada al día siguiente. Media pizza se convierte en comida en lugar de una decepción triste y blandurria. A los investigadores del desperdicio alimentario les encanta silenciosamente este efecto secundario. Menos espacio en la basura lleno de buena comida echada a perder es una ganancia de eficiencia que nunca aparece en la caja, pero está ahí, plato tras plato.

Usarlo con cabeza: de “gadget” a bestia de carga diaria

Los expertos que más partido sacan a estos aparatos los tratan menos como juguetes y más como un segundo hornito. Mantienen cerca una bandeja poco profunda apta para horno, lista para usar. La pasta sobrante va dentro con un chorrito de agua bajo una tapa colocada sin ajustar, para generar vapor. Las porciones de pizza se ponen directamente sobre la rejilla para maximizar el flujo de aire. Las verduras asadas reciben un toque rápido de aceite para revivir los bordes. Un gesto, un ajuste, hecho.

El punto dulce para recalentar suele estar entre 160 °C y 190 °C en muchos modelos. Más bajo para guisos y platos de arroz que necesitan calor suave. Un poco más alto para todo lo que quieras crujiente: patatas fritas, pollo asado, verduras. En cuanto al tiempo, empezar con tres a cinco minutos y luego comprobar suele ser mejor que teclear “2:00” en el microondas y cruzar los dedos. Aprenderás rápido qué le va a tu aparato en concreto. Todos tienen personalidad, un poco como los hornos de los pisos antiguos de alquiler.

En una noche entre semana con prisas, podría verse así: el horno grande asa una bandeja de muslos de pollo mientras el aparato de encimera recalienta las verduras de ayer y tuesta un poco de pan. Sin jugar a encajar rejillas. Sin un plato de microondas esperando tristemente a un lado, enfriándose mientras el resto de la cena se pone al día.

Seamos honestos: nadie hace realmente esto todos los días en plan “chef organizado”. Así que los errores y los atajos importan. La queja más común entre usuarios nuevos es la sequedad. Meten la comida tal cual, ponen el calor al máximo y luego se preguntan por qué el arroz se convirtió en gravilla. Los expertos insisten en tres ajustes diminutos que lo cambian todo: añadir humedad, bajar un poco la temperatura y extender la comida en vez de amontonarla.

Si alguna vez te has sentido culpable por “no usar bien tu freidora de aire”, respira. Un lunes después del trabajo, la mayoría solo quiere algo comestible, no Instagram. Por eso ayudan los pequeños rituales. Mantén un pulverizador pequeño de agua o aceite al lado del aparato. Remueve o da la vuelta una vez a mitad de tiempo si te acuerdas. Si no, aun así será mejor que la versión gomosa del microondas nueve de cada diez veces.

A nivel práctico, los recipientes resistentes al calor pueden hacer que la experiencia sea un éxito o un fracaso. El vidrio, la cerámica y las bandejas metálicas funcionan. Algunos plásticos no, y en realidad no deberían estar cerca de este tipo de aparato de todos modos. Es una bendición disfrazada: menos cajas deformadas, menos manchas misteriosas, menos preguntas sobre qué se está filtrando exactamente en tu comida.

“Hicimos más de 200 pruebas comparativas”, explica la Dra. Lina Morales, investigadora de energía y alimentación que lleva tres años estudiando estos dispositivos. “En casi todos los casos en los que la textura importaba -desde verduras asadas hasta pizza recalentada-, el horno de convección con función de freír con aire superó al microondas en sabor y usó una energía total comparable o menor. La gente comió más sobras y tiró menos. Eso es eficiencia del mundo real”.

  • Empieza poco a poco: elige una comida al día para recalentarla en el nuevo aparato y compara.
  • Usa humedad: una cucharada de agua o una tapa suelta mantiene suaves el arroz, la pasta y los guisos.
  • Piensa en la textura: pizza, patatas fritas y asados brillan aquí; las sopas siguen perteneciendo al fuego.
  • Comprueba una vez:
  • A mitad de tiempo. Un removido o un volteo rápido a menudo convierte un “bien” en un “guau”.

Lo que este cambio dice sobre nuestras cocinas -y sobre nosotros

En la superficie, esto es solo otra historia de un gadget brillante. Llega un aparato nuevo, promete cambiarlo todo, lo viejo se empuja al fondo del armario. Sin embargo, lo que los expertos están notando de verdad es algo más silencioso. Muchos estamos cansados del intercambio entre rapidez y placer. Queremos comida que sepa a comida, no a compromiso.

En un martes lluvioso por la noche, un pad thai recalentado que todavía conserva un poco de mordida en los fideos puede sentirse como una pequeña victoria. Cuando la porción que le sobró a tu hijo sale con una corteza que cruje en vez de caer mustia, ves cómo se le ilumina la cara. Todos hemos tenido ese momento de abrir el microondas, mirar el plato sudado dentro y pensar: “Esto no era lo que se suponía que era la cena”.

¿Sustituirá de verdad este híbrido de convección y freidora de aire al microondas para siempre? Algunos expertos dicen que sí, especialmente a medida que bajen los precios y los modelos se hagan más pequeños. Otros creen que el microondas aguantará para tareas muy concretas: derretir mantequilla, calentar una sola taza de leche. Lo que está claro es que el monopolio se acabó. La “caja de calentar por defecto” en la esquina de la cocina ahora tiene un rival que sabe mejor, desperdicia menos y, sin hacer ruido, nos empuja a volver a tratar las sobras como algo que merece la pena.

Ese pequeño cambio cultural importa más que cualquier hoja de especificaciones. Un aparato de encimera que hace que la comida de anoche parezca fresca deja de ser un gadget y pasa a ser un aliado diario. Quizá esa sea la historia real: no el fin del microondas, sino el regreso de algo que perdimos en la carrera por la velocidad: el placer sencillo de mirar un plato recalentado y tener ganas de sentarte a comértelo.

Punto clave Detalle Interés para el lector
Nuevo rival del microondas Horno híbrido de convección y freidora de aire, probado en laboratorio y en condiciones reales Entender por qué este tipo de horno podría sustituir a tu microondas
Eficiencia y sabor Calentamiento más homogéneo, texturas preservadas, energía comparable o menor Comer mejores sobras controlando el consumo
Uso en el día a día Pequeños gestos (añadir agua, temperatura adecuada, recipientes correctos) Adoptar el aparato fácilmente sin cambiar por completo la rutina

Preguntas frecuentes (FAQ)

  • ¿Un horno-freidora de aire es realmente más eficiente que un microondas? En muchas pruebas de recalentado, el consumo total de energía es similar o menor, porque calienta de forma más uniforme y evita ciclos repetidos, además de ofrecer mejor textura.
  • ¿Sustituirá a mi microondas para todo? No de inmediato. Puede encargarse de la mayoría de recalentados y de tareas de “crujiente”, pero para cosas ultrarrápidas como derretir mantequilla o calentar una sola taza, el microondas sigue siendo práctico.
  • ¿La comida sabe mejor de verdad, o es puro bombo? Paneles de cata en laboratorio y pruebas en casa informan de forma consistente de texturas más crujientes y un sabor más “fresco”, especialmente en pizza, asados y platos horneados.
  • ¿Es seguro meter mis recipientes habituales dentro? El vidrio, la cerámica y las bandejas metálicas son adecuados; los táperes de plástico normales no. Piensa “mini horno”, no “plástico apto para microondas”.
  • ¿Cómo es la curva de aprendizaje? Unos pocos días. Empieza con calor de bajo a medio, tiempos cortos y añade un poco de humedad en todo lo que tienda a resecarse. Pronto encontrarás tus propios puntos dulces.

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