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Un físico galardonado con el Nobel afirma que Elon Musk y Bill Gates tienen razón: en el futuro tendremos mucho más tiempo libre, pero es posible que ya no tengamos trabajo.

Persona estudiando en un escritorio con portátil, libro abierto, móvil y reloj de arena, con planta y diploma al fondo.

Todos hemos vivido ya ese momento en el que el tiempo se estira de forma extraña.

Un martes por la tarde, tu bandeja de entrada se calma, tus tareas están cerradas y miras la pantalla preguntándote: «¿Y ahora qué hago?». Imagina esa sensación, pero multiplicada por millones de personas, no porque estén de vacaciones… sino porque las máquinas trabajan en su lugar.

Un premio Nobel de Física, Frank Wilczek, dice que Elon Musk y Bill Gates tienen razón en un punto inquietante: nuestros días podrían llenarse de tiempo libre, mientras el propio concepto de «empleo» se deshilacha. Las tecnologías que hoy aplaudimos están construyendo un mundo en el que la mayoría de las tareas productivas serán gestionadas por sistemas automáticos e inteligencias artificiales.

El futuro del que hablan no se parece en nada a la ciencia ficción brillante de los anuncios tecnológicos. Se parece más bien a una pregunta que da un poco de vértigo: ¿qué vale nuestro lugar en una sociedad donde nuestro trabajo ya no es necesario?

El futuro que Musk, Gates y un premio Nobel ven venir

Frank Wilczek, premio Nobel de Física, observa el mundo con cifras y ecuaciones, pero también con una lucidez casi brutal. Dice que la tecnología avanza hacia un punto en el que el trabajo humano será, para muchos oficios, una elección más que una necesidad económica. Elon Musk habla de una «renta universal» para atravesar esa transición. Bill Gates imagina «impuestos a los robots» para financiar la sociedad cuando las máquinas hagan casi todo.

Estas visiones no son sueños de utopistas. Parten de una constatación fría: la IA y la automatización solo están empezando. Chatbots que atienden a clientes, software que escribe código, robots que preparan pedidos, camiones autónomos que se entrenan silenciosamente en carreteras desiertas. Gran parte de lo que llena un día de oficina o de fábrica se vuelve, mes tras mes, repetible por una máquina.

Mira lo que ya está ocurriendo en la logística. En los almacenes de Amazon, enjambres de robots naranjas se deslizan por el suelo transportando estanterías enteras hasta los preparadores. En algunos centros, la productividad sube tanto que el humano ya solo escanea y verifica. En los restaurantes de comida rápida de EE. UU., los quioscos táctiles sustituyen a los cajeros, mientras brazos articulados prueban la fritura de nuggets de manera clínica e incansable.

Las cifras acompañan. Un estudio de McKinsey estima que aproximadamente la mitad de las tareas actuales podrían automatizarse con las tecnologías existentes. No la mitad de los empleos, sino la mitad de las cosas que hacemos dentro de esos empleos. Sobre el terreno, eso se traduce en horarios aligerados, puestos fusionados y «planes de transformación digital» que, detrás de PowerPoints pulidos, significan simplemente: menos gente, más software. El futuro no llega de golpe; va roiendo los márgenes.

Si Wilczek coincide con Musk y Gates, es porque ve la lógica de largo recorrido detrás de estas señales. La historia económica ya ha pasado por algo parecido: la mecanización de la agricultura y, después, la industrialización liberaron una enorme cantidad de tiempo humano. Millones de personas dejaron el campo por las fábricas, y luego las oficinas. Solo que hoy la IA no sustituye solo gestos físicos: también sustituye tareas cognitivas como leer, resumir, clasificar o decidir. Donde antes una nueva tecnología creaba una ola de oficios inéditos, esta los recorta en varios frentes a la vez.

Wilczek no anuncia un mundo sin riqueza. Prevê un mundo en el que la riqueza podría producirse sin que cada cual «se gane» su salario con ocho horas diarias. El problema es que nuestro sistema social, nuestra identidad e incluso nuestro ego están construidos alrededor de esa idea del trabajo como prueba de valor. Esa disonancia es lo que inquieta tanto como fascina a Musk y Gates.

Prepararse para una vida con más tiempo… y menos trabajo

En ese futuro esbozado, la pregunta no es solo: «¿Seguiré teniendo un empleo?». Detrás viene otra, más íntima: «¿Qué voy a hacer con mis días si ya no tengo ese marco?». Una forma de prepararse, de manera concreta, consiste en experimentar desde ahora «zonas sin trabajo» en tu vida. No vacaciones, sino franjas horarias regulares en las que haces algo que no tiene ningún valor económico directo.

Leer una novela despacio. Aprender cerámica. Unirte a un club de senderismo local. Montar un pequeño proyecto artístico o asociativo sin objetivo de monetización. Suena inocente, casi banal. Sin embargo, es un entrenamiento discreto para vivir sin que la productividad sea el centro de gravedad. Los psicólogos ya lo ven en los jubilados: quienes tienen actividades elegidas se adaptan mejor que quienes vivían únicamente para su profesión.

Seamos honestos: nadie hace esto de verdad todos los días. Se vuelve rápido al reflejo de «ser útil»: optimizar, aprender para la carrera, publicar en LinkedIn, convertir cada afición en un «proyecto paralelo». Ahí, el futuro imaginado por Musk, Gates y Wilczek nos pone contra la pared: si la economía ya no nos necesita tanto, seguir viviendo como currículos andantes se vuelve absurdo.

Una pista concreta consiste en cartografiar tus actividades en una hoja dividida en dos columnas: «Lo que tiene valor de mercado» y «Lo que tiene valor para mí o para los demás, incluso sin dinero». Puede que te sorprenda ver lo escasa que es la segunda columna. Reforzarla, poco a poco, no es un lujo espiritual: es casi una habilidad de supervivencia para un mundo en el que tu nómina ya no dirá quién eres.

«Vamos hacia un mundo donde la escasez se desplazará: ya no será la escasez de bienes, sino la escasez de sentido», resume un economista entrevistado en un coloquio sobre IA. «La tecnología producirá abundancia. La pregunta será: ¿qué hacemos con esa abundancia de tiempo, de opciones, de vida?»

En este panorama, algunas referencias concretas pueden ayudar a mantener el equilibrio:

  • Limitar la auto-comparación permanente con quienes «triunfan» en la nueva economía.
  • Mantener al menos una actividad que no pueda automatizarse: cuidado, creación, compromiso local.
  • Hablar, en familia o con amigos, de qué sería una vida «buena» sin una carrera como eje central.
  • Formarse en competencias transversales: aprender, comunicar, cooperar con sistemas de IA en lugar de luchar contra ellos.
  • Explorar los debates sobre la renta universal y las nuevas protecciones sociales, en vez de descartarlos de un manotazo.

No son recetas mágicas. Son microgestos que, sumados, transforman nuestra forma de vernos: no solo como «capital humano» que hay que rentabilizar, sino como personas capaces de habitar un tiempo más amplio que el de la tarjeta de fichar.

¿Y si «no tener empleo» no fuera el final de la historia?

La gran angustia detrás de los anuncios de Musk, Gates o Wilczek es la pérdida de seguridad. Salario, seguro, estatus social, rutinas: todo parece ligado al empleo. Sin embargo, la idea de una sociedad en la que no todo el mundo trabaja a tiempo completo no es tan exótica. En algunos países nórdicos, las experiencias de reducción de jornada muestran niveles de bienestar al alza, sin colapso económico.

En esos modelos no se habla de inactividad total. Se habla de un cambio de eje. Menos tiempo condicionado por el empleador y más tiempo gestionado de forma individual o colectiva. Las tareas útiles para la comunidad -cuidar a los niños, a las personas mayores, el entorno local, el vínculo social- recuperan valor. Dejan de estar en la sombra del «tiempo libre» para volver a ser trabajo en el sentido noble, aunque no siempre se pague.

El riesgo es evidente: un futuro en el que unos pocos gigantes tecnológicos poseen las máquinas, los datos y los beneficios, mientras la mayoría sobrevive con ayudas mínimas. La otra opción, la que Wilczek insinúa, exige un enorme esfuerzo político: repensar las redes de seguridad, la fiscalidad y los derechos asociados a la ciudadanía más que al empleo. Esto no se arregla con una app en beta.

Y en medio de este tumulto queda una pregunta íntima, casi infantil: ¿qué querrías hacer con tu tiempo si de verdad tuvieras más? Ahí es donde el futuro descrito por este premio Nobel se cruza con tu vida cotidiana más banal. No dentro de diez años, sino en las pequeñas decisiones de esta semana.

Compartir esta reflexión con tus personas cercanas, llevarla a una reunión de equipo o convertirla en tema de debate en tu grupo de WhatsApp ya es empezar a domesticar el mundo que se acerca. El tiempo libre masivo no es solo una promesa o una amenaza. Es un espejo: devuelve lo que pongamos en él. Lo que Musk, Gates y Wilczek nos lanzan, en el fondo, es una invitación incómoda: ¿y si el verdadero desafío del futuro no fuera la tecnología, sino nuestra capacidad de soportar -y habitar- nuestra propia libertad?

Punto clave Detalle Interés para el lector
Automatización acelerada La IA y los robots asumen una parte creciente de las tareas humanas Entender por qué algunos oficios ya se tambalean y anticipar los próximos
Más tiempo, menos empleos Wilczek, Musk y Gates prevén un futuro con más tiempo libre y menos empleos clásicos Imaginarse una vida en la que el trabajo ya no sea el centro absoluto
Nuevas estrategias de vida Desarrollar actividades no mercantiles, una identidad más allá de la profesión y seguir los debates sobre la renta universal Encontrar palancas concretas para atravesar esta transición sin sufrirla

FAQ:

  • ¿Van a desaparecer todos los empleos con la IA? No. Muchos oficios se transformarán en lugar de desaparecer. Algunos se verán reforzados por la IA, otros serán sustituidos y aparecerán nuevos roles alrededor de la supervisión, la ética y la coordinación de sistemas automatizados.
  • ¿Es realmente realista una renta universal? Varios países ya han probado formas de renta básica a pequeña escala. Los retos siguen siendo enormes (financiación, justicia social, aceptación política), pero la idea gana terreno a medida que avanza la automatización.
  • ¿Cómo puedo prepararme personalmente para este futuro? Desarrollando competencias transferibles, aprendiendo a colaborar con la IA en lugar de temerla y cultivando actividades que tengan sentido para ti más allá del salario.
  • ¿Qué pasa con las personas que tienen trabajos muy rutinarios? Son las más expuestas a la automatización. El reto colectivo será ofrecer pasarelas de reconversión, formación continua y protecciones financieras durante las transiciones.
  • ¿Tener más tiempo libre hace realmente más feliz? Los estudios muestran que el bienestar aumenta cuando baja la presión laboral, pero solo si ese tiempo se llena con vínculos, proyectos y actividades elegidas. El tiempo libre vacío, en cambio, puede reforzar la angustia o la soledad.

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